Se acaba junio y yo sin artículo del mes… En algún momento decidí escribir un artículo al mes para el blog. Pero desde mayo el tiempo se me ha pasado volando. Mucho tiempo he estado estudiando y otro poco soñando y divagando. También meditando y “chamaneando”.

Así que abro un documento en blanco, me pongo música de Vangelis para que mi cerebro se ponga contento, respiro profundo… y dejo que los dedos fluyan solos sobre las teclas… a ver qué sale de aquí hoy.

Desde la perspectiva de las bondades de mindfulness hablamos siempre de la importancia de la atención. Un cerebro atento es un cerebro feliz, y la práctica continuada de mindfulness nos entrena a ser personas atentas, y por lo tanto más felices.

Pero en lugar de hablar de las bondades y los beneficios de mindfulness, que los puedes leer aquí, vamos a centrarnos ahora en lo que hacemos cuando no estamos con la atención focalizada en ningún lugar… cuando divagamos. Y en las bondades de ese divagar de la mente.

Divagar de la mente. Anarquía cognitiva y creatividad

Cuando divagamos, tenemos pensamientos automáticos; aparecen solos, se cruzan o nos atraviesan sin que nuestra voluntad haga nada. Aparecen y desaparecen. Van de un lugar a otro. Es lo que en mindfulness llamamos «mente de mono». Unos pensamientos se relacionan con otros, es como si se llamaran unos a otros, entre susurros… van proliferando y se van generando historias. A veces, historias asombrosas. A veces, a consecuencia de esos pensamientos, nos emocionamos: reímos o lloramos.

Cuando la mente divaga, la creatividad se puede disparar y eso puede ser bueno.

Las grandes ideas pueden surgir cuando la mente anda entretenida explorando sus propios recovecos a su propio ritmo. Sin voluntad que la sujete. Las cavernas de la conciencia son tan asombrosas y llenas de posibilidades que, si de repente la mente se topa con una de ellas… ¡eureka!… parece dar con la solución a un problema al que llevaba dándole vueltas de forma obsesiva desde hacía meses.

  •  Dando un paseo por ejemplo, gracias al movimiento y a la relajación, la inspiración a veces toma protagonismo, generando fascinantes ideas.
  • Después de un buen sueño reparador, donde nuestro cuerpo se ha relajado y nuestra mente se ha soltado, también nuestra parte creativa y libre de los velos diarios que todavía no se han instaurado, toma más poder.
  • Abrir una libreta en blanco y ponerse a escribir sin saber sobre qué vas a escribir, dejando que la mano fluya sola con lo primero que te venga a la mente, también es una buena técnica para dejar volar la creatividad. Pueden surgir momentos eureka o no, pero das libertad a tus pensamientos y además haces el sano ejercicio de sacarlos de dentro y ponerlos afuera.
  • A veces, el “no hacer nada” es el momento ideal para que salga repentinamente esa inspiración o momento eureka. Porque cuando decimos que “no hacemos nada” y estamos relajados, en realidad el cerebro está activo (como siempre), trabajando a todo trapo, buscando posibilidades y explorando en ese tema (y otros) que parece que tenemos en standby, a la espera de encontrar una solución por arte de magia.

Yo soy muy fan del tiempo para no hacer nada.

Soy muy fan de tumbarme al aire libre en el suelo (si es de arena de la playa o si es de tierra y hierba, mejor) a mirar las nubes, a ver pasar los pájaros, a seguir con la mirada los diminutos puntitos de luz. Muy fan de escuchar el viento… de sentir cómo se acerca y me atraviesa, como si fueran olas de mar. Y simplemente me dejo llevar por esas sensaciones… disfrutando del momento. Generando sanos apegos al movimiento natural de los elementos. Y me relajo.

Si no estoy al aire libre, lo hago en casa, mirando al techo, dejando divagar la mente, soltándola de tanto estudio. Para que descanse y se vaya donde quiera. Devolviéndole el poder natural de la anarquía cognitiva. ¡Oh! Me gusta esa expresión: anarquía cognitiva. ¿Se lo pongo de título al artículo? Mmmm… sí. Ya tenemos título 🙂

Gracias a esa anarquía cognitiva, a la imaginación, a la memoria y a las eternas posibilidades que existen en el infinito reino de nuestras neuronas, podemos generar mundos imposibles, mundo mágicos. Damos rienda suelta a nuestra creatividad.

Cuando surge esa inspiración, ese momento eureka, nuestra piel se eriza, nuestro corazón bombea más fuerte y la sensación real de que un energético rayo de luz nos atraviesa en canal, teniendo la certeza de que nos acabamos de iluminar, pone una guinda fantástica a lo agradable del momento.

Y ahora mi confesión: echo de menos esos momentos eureka, tumbada en el suelo de hierba y tierra. Echo de menos dejar que las historias se generen solas, producto de un cerebro creativo que bucea en la anarquía cognitiva; libre de la prisión del método científico, libre de fórmulas y de análisis de datos. Galopando como un caballo salvaje, atravesando colinas y sintiendo el pulso de la vida en el latido del corazón.

¡Oh! Es un síntoma inequívoco de que necesito terminar de estudiar y dejar a la mente divagar un poco más, caminar a su ritmo.

Finalmente esto es lo que salió… en realidad es un escrito autoterapéutico. Pero si te anima a hacerte fan de los momentos de “no hacer nada”, de tomarte un tiempo de relax y dejar que la mente divague de manera anárquica durante un buen rato, me doy por satisfecha 😊

Vivimos en un mundo de estrés, de obligaciones, lleno de normas, de leyes, de métodos, y obsesionados por seguir los consejos para para el bienestar. Y a veces, el mayor bienestar, ocurre cuando hacemos nada.

Feliz momento.

Link al canal de youtube de meditaciones variadas.

Este sitio web utiliza cookies para su correcto funcionamiento y para garantizar una correcta experiencia de usuario de acuerdo con nuestra política de privacidad. Al hacer clic en “Acepto”, consiente su uso.