En este artículo voy a utilizar una metáfora de coches, rotondas, carreteras, personas y caminos de tierra para hacer una aproximación al malestar con mindfulness; a cómo transitarlo con atención plena. Pero vamos a comenzar comentando un poco sobre la evitación experiencial y el malestar.

Evitación experiencial y ACT

La evitación experiencial en Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) hace referencia a un patrón rígido de comportamiento en el que la persona queda atrapada en sus intentos por eliminar, controlar, reducir o evitar  emociones, pensamientos, sensaciones, conductas observables  que generan malestar.

Y todo ello puede llevar a la persona a centrar su foco en la evitación de aquello que genera malestar, teniendo serias repercusiones en su calidad de vida, cada vez más limitada.

ACT promueve la flexibilidad psicológica. La flexibilidad psicológica tal y como describe Steven C. Hayes en su libro “Una mente liberada”,  es la capacidad de sentir y de pensar con apertura mental, de asistir voluntariamente a la experiencia del momento presente y de avanzar en las direcciones que son importantes para nosotros, al tiempo que forjamos hábitos que nos permiten vivir de forma congruente con nuestros valores y aspiraciones. Se trata de aprender a no evitar lo que nos resulta doloroso y a aproximarnos al sufrimiento, para poder vivir una vida llena de sentido.

Aproximación al malestar

¿Cómo que aproximarnos al sufrimiento si es lo que queremos evitar a toda costa? Ese es uno de los grandes problemas de la vida: querer evitar el dolor a toda costa.

Imagina intensamente que eres un coche. Describe mentalmente qué forma tienes y de qué color eres. Imagina que vas a toda velocidad por una carretera, te encuentras  una rotonda y la sorteas hábilmente, rodeándola como buen conductor y sigues tu camino fácilmente. Más adelante ves otra rotonda y haces lo mismo, y así sucesivamente durante toda la vida como vehículo sobre ruedas que eres. ¿Lo habéis visualizado? Bien.

Imagina ahora que en lugar de ir por una carretera, vas por un camino de tierra y que esas rotondas son obstáculos, pero que en lugar de un coche eres una persona  y vas andando.

Porque sí: resulta que realmente eres una persona. Somos personas. Y las personas somos seres sintientes, emocionales, seres pensantes. Las personas amamos, lloramos, nos alegramos y sufrimos. Las personas no somos coches que van a toda velocidad sorteando hábilmente rotondas, sino que caminamos a pie por el sendero de la vida y nos encontramos con obstáculos difíciles muchas veces de sortear.

Vamos a imaginar intensamente que somos personas que estamos transitando nuestro camino vital, un camino de tierra, donde cada paso que damos impacta en el suelo dejando el dibujo de nuestras huellas. Vamos caminando más o menos en línea recta por ese camino de tierra, dejando nuestras huellas atrás. De repente  por el motivo que sea nos encontramos un obstáculo en el camino, ese obstáculo es redondo, como aquellas rotondas de los coches, solo que ahora somos personas y las rotondas son de tierra.

Esos obstáculos que nos generan un gran malestar pueden ser muy diversos: una crisis existencial, miedos o emociones que nos paralizan, pensamientos estresantes o intrusivos que nos molestan o nos marean impidiéndonos continuar hacia adelante, un acontecimiento inesperado que no estamos preparados para afrontar, etc.

¿Qué tendemos a hacer con esa rotonda de tierra que es un gran obstáculo en nuestro camino?

Tal vez tendemos a caminar alrededor de ella, sorteándola igual que hacen los coches, evitándola como hemos comentado al principio (evitación experiencial). Olvidándonos de que no somos coches, sino personas que caminan a pie, seres sintientes.

Pero resulta que en este caso, si sorteamos la rotonda caminando a su alrededor, el impacto de nuestras huellas no transitará el obstáculo, y se quedará ahí, limpio, sin pisadas; dispuesto a volver a aparecer más delante de forma similar y tendremos que volver a dar otro rodeo enorme para poder seguir nuestro camino, causándonos de nuevo un gran malestar y una enorme fatiga. Incluso tal vez la rotonda sea tan tan grande que nos obligue a retroceder, a detenernos o tal vez nos impedirá seguir adelante. Y así continuamente en un camino tan largo como la vida.

Nos acostumbraremos a transitar rodeando o evitando obstáculos, incluso cogiendo caminos que no nos gustan, todo por evitar enfrentarnos a ellos. Pero resulta que esa evitación todavía aumenta más el malestar.

¿Habéis escuchado alguna vez que la única manera de quitarse un miedo es enfrentarse a él? Pues eso exactamente lo que ocurre en el camino de la vida.

¿Qué vamos a hacer entonces con esa rotonda de tierra, ese gran obstáculo que se ha interpuesto en nuestro camino y no nos deja avanzar y si avanzamos es con un tremendo esfuerzo y una fatiga que puede convertirse en crónica?

Atravesando el obstáculo con atención plena

Pues vamos a atravesarla con atención plena justo por el centro. Atravesando ese obstáculo vamos a trascender, vamos a poder continuar nuestro camino por donde nosotros queremos. Vamos a trazar un camino nuevo con el impacto de nuestras huellas justo en el centro de esa rotonda de tierra de forma que, si vuelve a  aparecer más adelante, ya sabremos cómo atravesarla sin dar rodeos, sin paralizarnos, sin tanto dolor. Porque el camino de la vida es un continuo aprendizaje. Las huellas que vamos dejando en el suelo de tierra con nuestro caminar atravesando por el centro esa rotonda son las conexiones neuronales nuevas que se van creando con cada aprendizaje. Así aprende nuestro cerebro.

Etapa de aprendizaje

Vale Nieves, ¡ yo no sé cómo atravesar esa rotonda por el centro!, tal vez me diréis.

Claro, ahí está el trabajo terapéutico (si queréis llamarlo terapia). Yo lo llamo etapa de aprendizaje. Absolutamente todo en esta vida es aprendizaje.

El camino del desarrollo personal está constituido por etapas de aprendizaje.

Nieves Casanova

¿Cómo te puedo acompañar a atravesar ese obstáculo justo por el centro?

Primero nos detendremos un momento. Vamos a ser conscientes de ese obstáculo, de cómo nos sentimos. Sí, con atención plena.

Vamos a darnos cuenta de los recursos que tenemos (recursos psicológicos pero también materiales, etc.); todas las personas tenemos fortalezas pero a veces no somos conscientes de ellas. Esa es la misión de la psicología positiva: trabajar con las virtudes y fortalezas de cada persona en su propio beneficio para poder seguir avanzando.

Y después, conscientes de esas fortalezas, iremos dando pasos atravesando por el centro esa rotonda de tierra, ese obstáculo. Algunos pasos dolerán, claro. Pero estaremos dispuestos a crear nuestro propio camino, a seguir adelante por donde queremos en función de nuestros valores.

Mindfulness entra en juego desde el minuto cero. Mindfulness es una forma de vivir, pero también una herramienta para atravesar obstáculos con atención plena. Iremos promoviendo la flexibilidad psicológica con unos ejercicios que nos ayudarán a que ese transitar sea lo más fluido posible.

Y cuando hayamos atravesado esa rotonda miraremos hacia atrás y veremos que nuestras huellas habrán hecho un camino nuevo justo por el centro de ese malestar, aprendiendo así a superarlo de una forma segura.

Habremos creado nuevas conexiones neuronales en nuestro cerebro y cuando surjan obstáculos nuevos en el camino de la vida, sabremos cómo transitarlos de nuevo, de forma mucho más fácil y sencilla, porque el camino ya estará hecho.

Así funciona nuestro aprendizaje vital y nuestro cerebro trazando nuevas conexiones. Y así funcionamos nosotros, que somos personas y no coches.

De esta forma habremos aprendido a no evitar, sino a afrontar esos obstáculos de una manera adaptativa y siempre con atención plena, con esa herramienta, ese recurso vital que todos tenemos y podemos desarrollar: mindfulness.

Atravesar con plenitud el malestar es la manera consciente de caminar (de vivir).

En mi canal de Youtube puedes hacer meditaciones para la vida, para transitarla con atención plena y consciencia.

Gracias por leerme. Feliz momento.

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