¿La asertividad es saber decir “no”? No, no. La asertividad no es eso. Pero la asertividad está relacionada con el arte de saber decir “no”. Porque sí, a veces es un arte. Hay muchas maneras de decir «no».

Hace unas semanas, una amiga peregrina me preguntaba si tenía algo publicado sobre saber decir “no”. Y le dije que no. Jeje. Pero me dio la idea para este artículo.

En muchas ocasiones en nuestras vidas decimos por miedo a decir no. O por no saber cómo decir no. Por miedo a herir al otro, o miedo a sentirnos diferentes o al qué dirán.

Vamos por partes.

Qué es la asertividad

Las personas asertivas son aquellas que tienen la habilidad de expresar sus opiniones, sentimientos, emociones y pensamientos sin herir a los otros. Además, son capaces también de pedir lo que necesitan o reclamar sus derechos de una manera calmada y empática sin brusquedad ni agresividad y sin que la libertad de los otros se vea alterada.

Las personas asertivas también son capaces de decir “no” con calma, confianza, convicción y empatía a cualquier propuesta que así lo consideren.

En muchas ocasiones, por presión social, por convencionalismos, por quedar bien, por no destacar, por inseguridad o por varios factores más, nos vemos arrastrados a decir “sí” a alguna propuesta que realmente no nos satisface. Puede ser cualquier cosa: ¡desde una quedada para almorzar con compañeros de trabajo hasta un encuentro sexual!

Y es lo peor que se puede hacer: acceder a algo que realmente no te apetece nada de nada de nada… ¿Te imaginas comerte un bocadillo de calamares si tienes alergia a los calamares o tener una relación sexual sin ningunas ganas solo por complacer a la otra persona?  Pues a veces, ocurre.

El arte de decir no. Cuando el alma grita

Voy con mis batallitas personales que ejemplifican mucho… cuando era cría, en la adolescencia, cuando los chavales comenzábamos a salir, a mí no me gustaba ir de discoteca. Fui a una y tuve bastante. El ruido (algunos lo llamaban música) tan alto me dolía, me saturaba los sentidos casi hasta el colapso. Literalmente. Para mí eso no era disfrutar. Así que en las siguientes ocasiones, tuve que decir que “no”, que no iba, que la discoteca me molestaba mucho, me saturaba. Y ya sabemos cómo son los chavales… si no haces lo mismo que el grupo eres raro, te sientes excluido y la vida no tiene sentido.

Bueno, pues mi vida ha sido una constante de decir “no” a muchos acontecimientos con los que no me he sentido cómoda. Y sí: al principio me sentía muy mal. Porque me sentía como apartada de la corriente. Muchas veces en mi infancia me sentí sola. Es algo que nos ha pasado a muchas personas a las que se nos etiqueta como PAS. Pero supongo que el tiempo y la confianza (y la terapia) me ayudaron a quererme, a abrazarme y a confiar en mí. Y dejó de dolerme decir “no”. Y comencé a decirlo con calma y confianza. Y entonces ya no hubieron más respuestas ni reacciones negativas por parte de la gente.

Ahora, si un amigo me invita a una boda y no me apetece ir, puedo decirle con calma que me alegro muchísimo por él/ella, le doy un abrazo enorme y la enhorabuena y le digo que no voy a ir porque me saturan los eventos multitudinarios. Y quedamos tan contentos todos. Y nos seguimos queriendo. Y si no fuera así, tampoco me importaría. Porque me gusta rodearme de personas que me aceptan y me quieren tal y como soy. Al resto no tengo ningún interés en mantenerlas como amigos. Así que vivo en calma y feliz diciendo “no” cuando quiero decir «no». Aunque sí, a veces aún hay momentos en que le doy muchas vueltas antes de tomar la decisión.

Otra batallita. Una de las veces que me ofrecieron en el trabajo hacer horas extras dije que “no”. Decir “no” a aquello era algo rompedor… porque todo el mundo aceptaba, porque se suponía que era algo bueno para mí. ¿Algo bueno para mí? Pues lo probé un par de veces y no. No era bueno para mí. Me pasaba un mes trabajando mañana y tarde metida en dos zulos diferentes, para cobrar una nómina más; y después hacienda me quitaba un dineral… No, no me compensaba. Para nada. No necesitaba esa nómina ni necesitaba hacer ningún mérito en el Ayuntamiento. Fui la que dije “no” a las horas extras en el Ayuntamiento… otra vez, volví a ser diferente.

Y así con cientos de situaciones. Desde siempre he ido bastante a mi aire respetando al prójimo, pero no ha sido fácil. La decisión de no tener hijos es algo que he llevado arrastrando mucho tiempo. Pero siempre he considerado que para tener un hijo hay que estar muy seguro y desearlo de verdad. Y no era mi caso. También dije “no” a esa propuesta por parte de alguna pareja.

Mi vida ha sido una constante de decir “no” en muchas situaciones que la mayoría de personas decía “sí”. Así que llevo un entrenamiento vital de muchos años a eso de decir “no”. Al principio cuesta mucho, y al final se convierte en un arte. Antes, las consecuencias de hacer algo que realmente no quería, eran mucho peores que decir no. Cuando el alma va en una dirección y le obligas a ir en otra… entonces el alma grita, te golpea, te destruye.

También he dicho “sí” muchas veces… para ir de ruta, por ejemplo jajajaja. Para ir a tomar una horchata, para ir a ver una puesta de sol, para cuidar a un gato, para atender a mi sobrina, para hacer la siembra, para abrazar un árbol o someterme a conejillo de indias de algún experimento casero… o para tener conversaciones profundas que no van a ninguna parte.

Personas diferentes, necesidades diferentes

Cada persona tenemos nuestras prioridades, nuestros gustos, nuestra personalidad, nuestros deseos y sueños. Y no, no tienen por qué encajar con los del resto del mundo. Lo bonito de la personalidad humana es que nadie es exactamente igual a otro.

Estamos llenos de matices diferenciadores y eso para mí es una riqueza.

Lo esperanzador de esto, es que podemos aprender a decir “no” o a manifestar nuestros deseos. Podemos aprender a ser más asertivos.

Estilos de comunicación

La asertividad se considera una habilidad social de tantas que hay.

Los estilos de comunicación de las personas faltas de asertividad, se consideran estilos pasivos o agresivos. Pasivos cuando no se sabe poner límites a los demás y agresivos cuando no se tienen límites propios. En ambos casos alguien sale perjudicado.

La comunicación asertiva se hace desde la empatía y desde la autoestima; y se prioriza el respeto y la comprensión hacia uno mismo y hacia el otro, de manera que ninguna parte sale dañada siendo conscientes de que podemos tener ideas o pretensiones muy diferentes.

Así que recuerda, si quieres trabajar la asertividad y aprender a decir “no” con calma y sin que el otro se sienta ofendido… empieza por trabajar tu autoestima y autoconfianza (que suelen ir unidas), aprende a ponerte en la piel del otro; y después seguro que te será más fácil decir que “no” con calma y quedándote con sensación de satisfacción sabiendo que has manifestado lo que querías y que la otra persona no ha salido herida.

¡Ah! Por si no lo sabes, la respiración pausada y tranquila ayuda a bajar las revoluciones internas, a pensar con más claridad y a comunicar mejor. En mi canal de youtube puedes hacer meditaciones basadas en la respiración.

¿Cómo llevas tú eso de decir “no” o de comunicar lo que quieres?

Este sitio web utiliza cookies para su correcto funcionamiento y para garantizar una correcta experiencia de usuario de acuerdo con nuestra política de privacidad. Al hacer clic en “Acepto”, consiente su uso.