Mucho hemos hablado ya sobre las maravillas de la práctica continuada de Mindfulness y de cómo es capaz de cambiar nuestras estructuras cerebrales para nuestro propio bienestar, pero vamos a recogerlas todas y a enumerarlas de forma simple. (Los beneficios aquí expuestos han sido comprobados científicamente. Puede haber más porque se sigue investigando en ello). Estos son los beneficios de Mindfulness y las patologías sobre las que actúa mejorando sintomatología:

  • Regula los niveles de estrés reduciendo el estrés “negativo” o distrés.
  • Indicado como complemento terapéutico o integrado en terapias para diversas patologías como:
    • Depresión
    • Ansiedad
    • Trastornos de conducta alimentaria
    • Sobrepeso, obesidad
    • TOC
    • Algunos trastornos de la personalidad
    • Esclerosis múltiple
    • Enfermedades coronarias
    • Hipertensión
    • Dolor crónico
    • Fibromialgia
    • Tabaquismo
    • Trastornos respiratorios
    • Adicciones
    • Trastornos de índole sexual
    • Incontinencia urinaria
    • Enfermedades autoinmunes en general
  • Mejora las relaciones interpersonales
  • Gestión emocional
  • Mejora los síntomas de la menopausia
  • Insomnio, mejora la calidad del sueño
  • Favorece la concentración y reduce la rumiación mental
  • Aumenta la flexibilidad cognitiva
  • Nos ayuda a ser más conscientes de nosotros mismos, de nuestro cuerpo, de nuestras emociones y pensamientos (autoconocimiento).

La mente puede cambiar nuestro estado de salud y ralentizar el envejecimiento

Daniel J. Siegel

Daniel J. Siegel en su libro Consciente: Ciencia y práctica del mindfulness nos muestra además que, cuando desarrollamos la atención especial, la conciencia abierta y la buena voluntad:

1. Mejoramos el sistema inmunitario, que nos ayuda a combatir las infecciones.

2. Optimizamos el nivel de la telomerasa, enzima que repara y protege los extremos de los cromosomas, haciendo que las células —y, por tanto, tú mismo— se conserven jóvenes, sanas y perfectamente funcionales.

3. Incrementamos la regulación «epigenética» de los genes, que ayuda a prevenir inflamaciones peligrosas.

4. Modificamos los factores de riesgo cardiovascular, con lo que mejoramos los niveles de colesterol, la presión arterial y la función cardíaca.

5. Aumentamos la integración neuronal del cerebro, agilizando la coordinación y el equilibrio de la conectividad tanto funcional como estructural del sistema nervioso, lo cual favorece el buen funcionamiento de la autorregulación, la resolución de problemas y el comportamiento adaptativo, que son la base del bienestar

La lista seguramente irá aumentando según se vayan haciendo nuevos estudios. Pero más allá de lo que demuestre la ciencia, está la sensación subjetiva de bienestar.

En mi opinión, la máxima de Mindfulness es llegar a integrarla en nuestra personalidad. Que sea una parte más de nosotros. Convertirla de un “estado puntual” en un “rasgo o característica propia”. ¿Cómo? Con la práctica continuada. Convirtiéndola en un hábito. Convirtiéndola en nuestra forma de ser.

Os dejo un enlace también a las contraindicaciones de Mindfulness. Básicamente las contraindicaciones se reducen a que, en determinados trastornos psicóticos, la práctica debe ser corta y adaptada.

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