Decirle a alguien: camina conmigo, es lo más parecido a pedirle a alguien que junte su alma con la tuya.

Que le digas a alguien camina conmigo es plantearle algo serio. Es algo así como cuando, en una relación, le dices a alguien que le amas. Si le dices a alguien que camine contigo, piénsalo y siéntelo bien antes. Porque comprometerse a hacer el Camino de Santiago con alguien puede convertirse en una de las experiencias más maravillosas o más catastróficas de tu vida. Caminar junto a alguien es compartir alma en espacio y tiempo.

Los peregrinos a veces solemos hablar de estas cosas y decimos: “yo no caminaría con cualquiera, tiene que ser alguien muy especial”. Me da la sensación de que somos más selectivos a la hora de elegir compañía de Camino que en nuestras relaciones sociales del día a día.

Deberíamos tal vez valorar también en nuestra vida cotidiana con quien queremos compartir alma y con quién no. Y si compartimos alma, también ser conscientes de que hay personas y amistades que van y vienen, como en el Camino. En la vida hay etapas y momentos en los que se comparte todo con algunas personas, pero a veces ellas siguen su Camino y cada uno el nuestro. Y no pasa nada. En la vida, el saber soltar aunque sea con morriña y lágrimas es muy sano. Nadie dijo fácil; he dicho sano.

En el Camino de Santiago compartimos momentos muy íntimos. En el Camino se desnudan las almas, se muestran tal cual son, sin adornos ni maquillajes. Y nada hay más privado y sagrado que el alma de una persona.

Las personas que comparten pasos, si les ha dado tiempo a desnudar el alma, quedan unidas para siempre, aunque nunca más se vuelvan a encontrar.

Es algo muy bonito ir conociendo a personas por el Camino y ver cómo, de forma natural, unos forman grupo y otros no. Forman grupo aquellos cuyas almas vibran en sintonía. Aquellos que quedan atrapados por el magnetismo de los otros. Quienes se sienten unidos desde lo más íntimo, como si de un imán se tratase; pero con la total libertad de separarse cuando su alma así lo decida. En el Camino se forman auténticas manadas, como hacen los animales.

Si se forma grupo caminando, el alma individual pasa a formar parte de un alma grupal sin perder la independencia de caminar a su propio ritmo.

También hay peregrinos que siempre caminan solos, es maravilloso. Son almas a las que les encanta sentir la total libertad de sus pasos y la individualidad de sus momentos. Es genial.

En el Camino todo sucede de forma natural.

Quienes ya lo hemos hecho alguna vez, conocemos esa sensación de llegar por fin a Santiago de Compostela después de haber caminado juntos varios días. Esa preciosa plaza del Obradoiro ha presenciado tantas despedidas emotivas… tantos abrazos y lágrimas que,  sin duda, las piedras que recubren el suelo están impregnadas de una energía tan poderosa que se siente al poner un pie en ella.

Por eso a algunos nos encanta sentarnos allí en el suelo a ver llegar peregrinos. Por una parte la alegría de la llegada, por otra parte la tristeza de la despedida. Sin parar, un día tras otro, debe de ser de los lugares de España que contiene más emotividad. Emociones expresadas con libertad.

Unos amigos que esperan a otros para verlos llegar. Abrazos de llegada. Saltos de alegría de metas conseguidas. Emociones a veces muy íntimas que se conectan a ese lugar a través del corazón. Unos lo expresan hacia afuera, otros hacia adentro. Pero en todo caso la emoción traspasa las fronteras físicas de la persona que la siente.

Hasta aquí la parte bonita.

Pero también ocurre, en el Camino de Santiago, que hay personas que caminan con otras por dependencia, por miedo a no estar solos o por la necesidad imperiosa de estar compartiendo continuamente con otras personas. ¿No os ha pasado alguna vez que de repente se pone alguien a vuestro lado durante una etapa y empieza a hablar y a hablar y hablar sin parar y no os sentís cómodos? Y resulta que esa persona no siente tu incomodidad o si la siente le da igual.

Entonces es, cuando haciendo gala de tu maravillosa asertividad, le dices: “Perdona, me encanta caminar solo y en silencio; discúlpame pero voy a seguir mi Camino en solitario. Ha sido un placer haberte conocido”. Y sigues adelante. La otra persona pensará de ti lo que sea, pero no importa. Tú recuperas tu paz interior y él seguirá su Camino. Pero siempre, incluso al terminar tu Camino, si eres mínimamente empático, te acordarás de esa persona y rumiarás en tu pensamiento “el pesado aquél; pobrecito, qué cansino era… ¿habrá llegado a Santiago?

Pues sí, resulta que, hasta las personas que nos parecen menos agradables, forman parte de nuestra experiencia caminera. Y seguro que nos han enseñado algo. Tal vez nos han enseñado a decir: “no”. Tal vez nos han enseñado otras cosas. Lo cierto es que, cada paso que damos en el Camino y en la vida, nos sigue construyendo como personas y nos sigue alimentando el alma.

Y para terminar bonito: aunque no nos hayamos visto en años o solo hayamos compartido alguna etapa, saber que hay amigos peregrinos a quienes les gustaría compartir camino conmigo, y con los que me encantaría compartir pasos, es una sensación de plenitud que me dibuja una sonrisa en la cara.

Buen camino, peregrinos.

Puedes ver mis vídeos del Camino de Santiago en el canal de Youtube El Clímax del Caminante.

(Imagen de pixabay – pcdazero)

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