Camino de Uclés. Las llaves de las puertas del cielo. vídeo

Acabo de llegar a casa y… aún no me lo creo. ¡Todavía sigo alucinando!

Comienzo por el principio… como todos los caminos de este pasado año 2019, éste ha sido un camino inesperado.

Esta historia tiene 5 protagonistas… comienzo por Jorge.

Jorge

Jorge, primer protagonista. Nos conocimos hace unos años en el Camino Aragonés. Nos enamoramos en el Camino y decidimos seguir caminando juntos en el Camino de la Vida. Años más tarde, decidimos que nuestro Camino de la Vida se separaba, pero continuaríamos siendo amigos.

El último Camino de Santiago que hicimos juntos, como pareja, fueron algunas etapas del Camino Olvidado en octubre de 2018. Después de ese Camino sucedieron una serie de acontecimientos muy personales que no voy  contar aquí.

Después de esa fecha yo hice otros caminos.

Y en diciembre de 2019 decidimos volver a caminar juntos, ahora como amigos. Después de un año, teníamos muchas cosas que celebrar… sobre todo: nuestra amistad. Elegimos el Camino de Uclés.

¿Por qué el Camino de Uclés? Ya conocíamos el Monasterio, estuvimos visitándolo hace un tiempo. Nos encantan los Monasterios y pensábamos que llegar allí caminando debería de ser una experiencia genial. Y tanto que lo ha sido.

Manuel Rossi

Fue pensado y hecho. Aquí entra en juego el segundo protagonista: Manuel Rossi. Si queríamos hacer el Camino de Uclés… ¿quién nos iba a informar mejor que él? Contactamos con la Asociación de Amigos del Camino de Uclés y Manuel Rossi nos informó de todo. El 29 de diciembre de 2019, lo conocimos en persona. Nos facilitó las credenciales oficiales del Camino de Uclés (la credencial más bonita que he visto en mi vida) con los últimos números del año (a mí me tocó la credencial 2014 y a Jorge la 2015, convirtiéndose así en el último peregrino de 2019).

Manuel nos puso el primer sello y nos enseñó y nos contó parte del trabajo que está haciendo por y para este Camino… y por supuesto, para los peregrinos.

Por lo que he visto, puedo afirmar que Manuel Rossi es puro Camino. Y desde luego, si Jorge y yo hemos hecho el Camino de Uclés de la forma más bonita y auténtica ha sido gracias a él. Así que personalmente, considero a Manuel Rossi un guardián y un protector del Camino y de los peregrinos que pasamos por ahí.

El día 30 de diciembre de 2019 comenzamos a caminar desde Arganda del Rey (no teníamos más días para comenzarlo en Madrid, pero no importaba…. hace ya mucho tiempo que considero que el Camino no tiene principio ni fin. Es mi opinión personal… el Camino comienza y termina en el interior de cada peregrino -o caminante-).

Camino de Uclés

Ahora os presento al tercer protagonista: El Camino de Uclés.

El Camino de Uclés es un Camino perfectamente señalizado. Con flechas rojas para quienes se dirigen al Monasterio de Uclés, como era nuestro caso; y con flechas amarillas para quienes van en dirección a Santiago de Compostela.

Por las mañanas amanecía con heladas, los campos blancos, preciosos, frío bestial… encantador… me gusta caminar con frío. Me gusta el invierno. Me gustan los amaneceres  blancos, donde el primer rayo de sol de cada mañana se recibe como un regalo divino. Sí, me encanta.

Caminando, la percepción del tiempo cambia y los horizontes lejanos de los campos de cereal resetean la mente.

Las etapas se pueden diseñar al gusto, en función de los alojamientos disponibles. Nosotros las hicimos así:

  • Arganda del Rey/Perales de Tajuña.
  • Perales de Tajuña/Estremera
  • Estremera/Barajas de Melo
  • Barajas de Melo/Uclés

Fuimos sellando la credencial en los puntos de sellado, excepto en 3 lugares que por ser fechas peculiares, estaban cerrados cuando pasamos. Pero como somos peregrinos precavidos, siempre andábamos con comida de sobra 😉

Pasamos el fin de año en el Camino de Uclés… un fin de año diferente al resto… inolvidable. Terminar un año y comenzar otro andando es la mejor experiencia para alguien que considera caminar una forma de vida.

Sobre el Camino de Uclés, por supuesto que lo recomiendo a todo el mundo. Por varios motivos. Porque está bien señalizado. No hacen falta gps ni tracks ni nada por el estilo. Porque es un Camino que no está masificado y eso se nota. Se nota en las personas que te encuentras en los pueblos. Se nota en el paisaje. Se nota en la paz y tranquilidad que se respira. Nosotros estuvimos andando 4 días… no vimos a ningún peregrino, y los últimos dos días, caminando no vimos absolutamente a nadie. Solo un par de zorros, tres cervatillos y cientos de conejos… eso es vida. Además durante el Camino hay varios puntos importantes, que no voy a desvelar, para que así os pique la curiosidad y vayáis a descubrirlos 😉

Caminando, la percepción del tiempo cambia y  los horizontes lejanos de los campos de cereal resetean la mente.

Monasterio de Uclés

Me ha encantado este Camino. Y en la última etapa entra en juego el  cuarto protagonista: El Monasterio de Uclés.

La última etapa tal y como la hicimos nosotros, se hace muy entretenida. Transcurre por campos de cereal de horizontes infinitos, por puntos emblemáticos que no voy a desvelar  y por  un montecito: caminamos entre pinos… precioso.

En uno de esos puntos importantes del Camino, Jorge y yo confirmamos nuestra amistad… por una amistad eterna… por un camino sin fin.

La sensación de ver por primera vez a lo lejos el Monasterio, es algo indescriptible. Y no, no voy a comparar con llegar por primera vez a la Catedral de Santiago de Compostela… para mí ha sido diferente. Ha sido mucho más íntimo, mucho más… ¿cómo explicarlo? Mmmm… yo me siento conectada a la naturaleza de una forma especial. La llegada al Monasterio por el Camino de Uclés o mejor dicho: la primera visión del Monasterio desde la montaña, es en contacto con la naturaleza. Tierra bajo mis pies… piedras… árboles… y sobre todo: silencio absoluto… utilizar palabras rimbombantes para describir una sensación como esa no es posible en este caso. No. El Monasterio de Uclés y su entorno están envueltos en una energía tranquilizadora muy difícil de explicar. Simplemente: hay que sentirlo.

Llegamos al Monasterio más callados todavía… nos estaban esperando…

El momento de entrega de llaves fue… bueno, si no tengo palabras para describir qué sentí cuando vi desde lejos el Monasterio, tampoco las tengo para describir mi sensación interna cuando nos explicaron qué llave era la de la puerta de entrada… la de las vieiras… yo no daba crédito… “nos están confiando las llaves de las puertas del cielo”. Esas son las palabras tal vez más aproximadas para explicar mi sorpresa. Esa sensación describe lo que es para mí “El Camino”.

La noche en el Monasterio totalmente silenciosa. Siempre digo que es casi imposible sentir el absoluto silencio en cualquier lugar. Normalmente, estemos donde estemos, se escucha algo de  fondo. Parad un momento y escuchad, sea donde sea que estéis ahora…. prestad atención plena… seguro que oís un murmullo… algo… lo que sea.

Pues esta noche, en el Monasterio, “nada” era lo que se escuchaba. Un silencio absoluto maravilloso que no olvidaré jamás. Lo que quiero para mi vida, lo que quiero para mi interior es lo que he sentido esta noche protegida por esos enormes muros de piedra. SILENCIO, PAZ, TRANQUILIDAD, CALMA y SOSIEGO. Pura meditación.

Mis sensaciones

La quinta protagonista de esta historia soy yo… que he intentado contar un poco la experiencia… pero sobre todo espero haberos contagiado un poquito de curiosidad… invitaros a caminar hacia Uclés… es algo indescriptible. Para mí ha sido una experiencia única porque:

  • es la primera vez en nuestras vidas que hemos pasado el fin de año en el Camino
  • es la primera vez en nuestras vidas que hemos dormido en un auténtico Monasterio
  • es la primera vez en nuestras vidas que hemos tenido en nuestras manos, a nuestra disposición por unas horas, las llaves del Monasterio de Uclés. Las llaves de las puertas del cielo.

No… no puedo explicarlo… solo se me saltan las lágrimas. Poder ver las estrellas desde el centro del Claustro en plena noche, sintiendo el frío y en la más absoluta oscuridad y soledad… Esto es el Camino.

Y por supuesto: hemos comprobado que podemos seguir caminando juntos, como buenos amigos igual que la primera vez que el Camino unió nuestros pasos.

Por una amistad eterna, por un Camino sin Fin: Camino de Uclés.