Saltar al vacío

Seguramente durante nuestra vida lo hemos hecho varias veces: hemos saltado al vacío en el camino de la vida. La confianza en uno mismo para saltar al vacío es fundamental.

¿Alguna de las personas que estáis leyendo este texto habéis hecho puenting alguna vez? Seguro que muchos de vosotros.

Conozco a alguien que sí ha saltado por un puente atado a una cinta. Me decía que no era para tanto. Que da un poco de impresión y ya está.

Para cada persona eso que nos causa impresión es una cosa distinta. Para alguien muy acostumbrado a hacer grandes rutas de alta montaña, seguramente pasear un rato por la orilla de la playa no le causará un gran esfuerzo físico. Pero si tal vez esa persona nunca ha visto el mar, le impresionará muchísimo.

A la hora de tomar otro tipo de decisiones en la vida nos ocurre igual. Saltar al vacío dejando una forma de vida atrás, renunciar a un trabajo, aceptar un trabajo nuevo, dejar una relación de pareja o asumir una relación nueva, adoptar un hijo, etc. Son decisiones voluntarias, que no quiere decir que se tomen siempre con total libertad (puesto que estamos condicionados por nuestras vivencias, cultura, pensamientos, emociones, etc. a la hora de decidir).

Pero en todo caso, cuando tomamos una decisión de forma concienzuda, habiendo pensado sobre ella, habiendo reflexionado (es decir, cuando no la tomamos de forma reactiva o impulsiva) seguramente es porque hemos alcanzado una seguridad y confianza en nosotros mismos lo suficientemente fuerte como para poder decidir conscientemente.

El huracán

A veces, a la hora de tomar esas decisiones nos vemos también arrastrados por la corriente exterior. Como si de un tornado se tratase (la corriente social, cultural, los amigos, la familia, esos miedos que nos acechan y todo aquello externo que nos rodea y de lo que también nos nutrimos) a veces hay disonancia entre lo que pensamos y lo que hacemos precisamente porque nos dejamos arrastrar por ese tornado externo. La confianza en uno mismo para saltar al vacío nos situará en un punto de anclaje para no dejarnos llevar por ese huracán.

La atención

Es importante darnos cuenta de esas influencias externas y también darnos cuenta de lo que realmente queremos hacer. De la decisión que realmente queremos tomar. ¿Cómo? Prestando atención. Prestándonos atención. Prestando atención y reconociendo ese tornado. Y situándonos justo en el centro del huracán.

Mindfulness nos entrena para prestar atención a aquello que nos rodea, pero también para prestarnos atención a lo que pensamos y sentimos en relación a aquello que nos rodea. Y por supuesto para prestarnos atención y averiguar lo que realmente queremos si conseguimos situarnos en el centro del tornado de forma inmutable, en paz y en calma.

Cuando conseguimos permanecer impasibles en el centro del huracán sin ser tambaleados, es entonces cuando estamos en condiciones de decidir sin miedo. Es entonces cuando tenemos esa confianza y seguridad en nosotros mismos para que, ocurra lo que ocurra, estemos satisfechos con nuestra decisión.

Trascendencia

Si mantenemos la atención plena puesta en nuestra vida cotidiana, si además hacemos ejercicios visualizándonos desde fuera como individuos en calma, vamos fortaleciendo esa seguridad en nosotros mismos. Siendo así menos influenciables por nuestro miedo. Siendo menos influenciables por el tornado social, cultural o familiar.

Y cuando tomamos esa decisión, seguros de nosotros mismos, estamos trascendiendo. Pero os cuento un secreto: también trascendemos cuando tomamos esa decisión con miedo. Cada vez que vamos superando obstáculos conscientemente estamos trascendiendo. Cuando trascendemos al miedo en nuestras decisiones y acciones es algo muy gratificante.

Trascender es ir dando pasos conscientes en la línea de la vida.

La atención es la clave para la trascendencia. La atención es la clave para ser conscientes. La atención es la clave para alcanzar confianza en nosotros mismos.

Conclusiones

Y siendo conscientes de lo que pensamos, de lo que sentimos y de cómo actuamos respecto a nosotros mismos y respecto a los demás; incluso siendo conscientes de nuestras propias limitaciones, es cuando podemos decidir con una mayor libertad.

El ejemplo del puenting es muy gráfico. Pero os pongo otro ejemplo que he experimentado en mí misma y he visto y puesto en práctica con algún amigo en montaña: el vértigo. Vértigo al caminar por un paso aéreo (paso estrecho) haciendo senderismo.

Si conseguimos prestar atención únicamente a nuestros pasos, incluso cogidos de la mano de otra persona, vamos a conseguir pasar por donde sea aunque al principio nos cause impresión.

Respirando y prestando atención al suelo no nos caemos. Atención de verdad. Atención plena. Tal vez al principio no tengamos la suficiente seguridad para pasar sin ayuda, no importa. Pedir ayuda o aceptar ayuda es genial. Ser conscientes de esa ayuda es maravilloso.

En terapia también aceptamos ayuda. Es lo mismo. Es perfecto.

Si quieres atravesar ese paso estrecho, si te sitúas con estabilidad en el centro del huracán, si consigues alcanzar esa confianza en uno mismo, en ti mismo, en nosotros mismos con plena consciencia, entonces podremos saltar tranquilamente al vacío.

Feliz momento.

Enlace a la Meditación de la Montaña para trabajar la firmeza y estabilidad interior.

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