¿Qué consideramos hoy en día una disfunción sexual?

Podríamos dar una definición rápida, resumida e incompleta diciendo que se considera disfunción sexual cualquier problema o desorden que se produzcan en relación con el placer sexual o el “acto” sexual.

Pero entonces surgirían nuevas preguntas: ¿qué es el placer sexual, como se produce? ¿a qué consideramos exactamente el “acto” sexual? ¿qué es normal en la sexualidad y qué es anormal?

La sexualidad humana está constituida por factores biológicos, sociales y psicológicos, podríamos decir que no hay una sexualidad estandarizada. Por lo tanto, catalogar una disfunción sexual resulta muy complicado, puesto que cada ser humano vive su sexualidad de una manera. Así que, tenemos que dar por hecho, que una disfunción sexual ocurre cuando la persona tiene algún problema con la sexualidad y a partir de ahí, comenzar a tirar del hilo e intentar solucionar ese problema.

En terapia sexológica se considera la disfunción sexual desde un enfoque holístico, teniendo en cuenta todos los factores de esa persona o personas concretas.

Tal vez alguien piensa que tiene una disfunción sexual y simplemente es debido a un enfoque o creencia errónea hacia lo que se supone que la sociedad considera “normal” en la sexualidad. Entonces hace falta “reeducar” con información y educación sexual y unos pocos ejercicios, esa persona acaba comprendiendo que eso que le sucede no es tan grave. En otras ocasiones es la historia sexual de la propia persona la que puede dar origen a algún tipo de disfunción sexual.

Otras veces, pueden aparecer casos de disfunciones sexuales de origen orgánico, por lo tanto haría falta la intervención de un especialista médico, como un ginecólogo, urólogo, etc.

Otras veces, la disfunción puede tener un origen psicológico, debido a traumas pasados o a trastornos psicológicos, etc. y en este caso un psicólogo sería fundamental.

En todo caso, el sexólogo o sexóloga hará las averiguaciones oportunas para saber si es necesario complementar la terapia sexual con otra especialidad.

En otro post comentaremos sobre la historia de la sexualidad… sobre lo que en un momento de la historia estaba socialmente aceptado o no… y entonces nos daremos cuenta del origen de algunas disfunciones sexuales de hoy en día. O de por qué las consideramos “disfunciones” hoy en día cuando tal vez, en otro momento de la historia, no se consideraban problemas, más bien ventajas. La cultura en la sexualidad humana tiene mucho peso.

Vamos, ahora sí, a enumerar algunas de las disfunciones sexuales tratadas en consulta sexológica. Recomiendo el manual de Sexología y Terapia Sexual de Francisco Cabello, donde se pueden encontrar muchas más y es un manual muy completo.

Deseo sexual hipoactivo

Antes de describirlo, muy importante mencionar que hay personas asexuales, que no sienten deseo sexual y eso no les causa ningún problema en la vida. Son personas que no presentan ningún trastorno y por el motivo que sea, no sienten deseo sexual. Eso no es ninguna disfunción sexual. Simplemente y como he dicho antes, cada persona vive la sexualidad de una manera y todas son aceptables excepto si esa forma de vivir la sexualidad causa daño a uno mismo o a los demás.

Así que si no sientes deseo sexual no pienses por eso que tienes una disfunción sexual o un problema. Tal vez tú vives la sexualidad con ausencia de deseo y no pasa absolutamente nada. Hay tantas sexualidades como personas.

¿Si llevas una vida plena y feliz siendo asexual qué problema hay? Ninguno.

En cualquier caso, si el hecho de no sentir deseo sexual te genera malestar, entonces sí puedes pasarte por la consulta de un sexólogo.

El deseo sexual hipoactivo de hombres y mujeres, consiste en la ausencia permanente y persistente de fantasías eróticas y motivación para acceder a las relaciones sexuales. Puede ser primario (de toda la vida) o secundario (a partir de algún momento de la vida o se da en circunstancias concretas). El origen puede ser muy diverso, como hemos comentado antes, pueden ser factores biológicos, psicológicos o culturales o sociales o debido a la ingesta de drogas o medicamentos.

El deseo sexual hipoactivo se diferencia de un trastorno de excitabilidad en que el deseo hipoactivo no existe la motivación adecuada para iniciar contacto sexual, pero la respuesta es buena una vez comenzada mientras que en un trastorno de excitabilidad puede haber ganas de sexo y los genitales no responden o bien la sensación de excitación subjetiva es escasa.

Disfunción eréctil

Disfunción eréctil es la incapacidad para conseguir o mantener una erección con la suficiente rigidez como para llevar a cabo relaciones sexuales satisfactorias.

Una de las causas de la dificultad para tener o mantener una erección puede ser de origen orgánico (hormonal, por ejemplo) o de origen psicológico (estar sometido a un gran estrés, temor al fracaso en la relación sexual, etc) o una combinación de ambos factores. Por supuesto la ingesta de drogas o medicamentos suele influir en las disfunciones sexuales.

Eyaculación precoz

Desde un punto de vista sociológico, como comentábamos antes, hasta épocas recientes parece que el tiempo eyaculatorio no había sido un problema relevante. Sin embargo, en el ámbito médico la eyaculación precoz fue definida  en 1887 y pasó a ser una enfermedad dramática entre las clases sociales altas.

Algunos autores hasta han definido el tiempo “máximo” que se ha de tardar en eyacular para poder clasificarlo como disfunción o no… pero yo me quedo con la definición de la academia internacional de sexología:  la condición persistente o recurrente en que el hombre no puede percibir y/o controlar las sensaciones propioceptivas que preceden al reflejo eyaculatorio.

Las causas, como en otras disfunciones sexuales, pueden ser orgánicas, sociales o psicológicas o una combinación de ellas.

Trastornos relacionados con el orgasmo masculino

Los trastornos relacionados con el orgasmo masculino consisten en la ausencia o retraso persistente o recurrente del orgasmo tras una fase de excitación sexual normal. Deberíamos definir pues en qué consiste una excitación sexual normal y ponerle cientos de “apellidos” a la definición para poder entenderla bien, pero únicamente con ello, podríamos hacer 4 volúmenes de una enciclopedia, así que con la definición escueta de momento tenemos bastante.

Por supuesto no entraría aquí la eyaculación retrógrada, en la que sí se percibe la sensación de orgasmo, pero no se expulsa hacia afuera el líquido seminal, sino que pasa a la vejiga urinaria.

En el ámbito de la sexología, lo que interesa son los trastornos del orgasmo propiamente dichos, es decir, la ausencia de orgasmo con independencia de la presencia o la ausencia de eyaculación.

En el trastorno del orgasmo el nivel de excitación puede ser excelente.

La erección casi nunca se ve alterada, sin embargo, el placer alcanza unas cotas de las cuales no es capaz de dispararse, no detectando la persona, las sensaciones premonitorias de que la eyaculación vaya a ocurrir.

De nuevo, factores orgánicos, psicológicos o culturales pueden estar detrás de este tipo de disfunciones.

Trastornos por dolor: vaginismo y dispareunia

Dispareunia: un dolor genital recurrente o persistente asociado con el coito (tanto en hombres como en mujeres).

La dispareunia se clasifica también en función de la localización y de su relación con el coito.

Vaginismo: contracción involuntaria, de manera recurrente o persistente, de los músculos perineales del tercio externo de la vagina, frente a la introducción del pene, dedos, los tampones o espéculos (aunque se puede presentar tan solo frente a uno de esos objetos o de varios o incluso solo frente a la presencia del pene –real o imaginaria-). Hay diferentes grados de vaginismo.

Anorgasmia femenina

Según la definición de DSM, la anorgasmia femenina, Inhibición recurrente y persistente del orgasmo, manifestada por su ausencia tras una fase de excitación normal y producida a través de una estimulación que pueda considerarse adecuada en intensidad, duración y tipo (del mismo modo que comentábamos anteriormente, habría que averiguar qué se considera una estimulación “adecuada”).

A lo largo de la vida de la mujer, igual que la del hombre, son muchas las ocasiones en que la respuesta sexual no culmina con la sensación orgásmica, sin que se pueda considerar por ello patológico.

Se puede clasificar como anorgasmia primaria (en caso de que nunca se haya sentido un orgasmo ni a través de la automasturbación ni en una relación sexual de cualquier tipo con otra persona) o adquirida (en este caso sí se han sentido orgasmos pero han dejado de tenerse de forma sistemática). También se puede clasificar como  “situacional” si únicamente no se sienten orgasmos en determinados contextos o “generalizada” si no se tienen orgasmos en ningún contexto. Podemos comparar la anorgasmia femenina y la masculina pero con las particularidades de cada sexo.