Aquí una reflexión mía, basada en ninguna evidencia empírica, no comprobada científicamente… tan solo un pensamiento subjetivo, filosofía barata de esa de sobremesa…

“El Camino te da lo que necesitas” ¿Quién no está de acuerdo con esa afirmación tan repetida por casi todos los peregrinos, yo misma incluida?

Pues bien. No, el camino no nos da nada. El Camino simplemente está ahí. El Camino es la vida misma, pero pretendemos darle un don divino, místico, espiritual o psicológico. Queremos dotarlo de personalidad propia, cosa que es imposible. “El Camino está vivo”. No, el camino no está vivo, el camino es una infraestructura bien montada para que los peregrinos no pasemos demasiadas penurias.

Lo que está vivo son los animalitos y plantas y humanos que habitan en él, y nosotros, claro: los peregrinos o caminantes que lo transitamos.

Pero no, el Camino no es mágico. La magia no existe en el Camino. La magia, de existir, existe en nosotros. Somos nosotros, los humanos, los que proyectamos ese don divino en el Camino. Los que sentimos que el Camino nos ampara, que nos protege, que nos hace fuertes, que nos da lecciones, que nos enseña, que nos atrapa, que nos ama; y si nos lastima estamos seguros de que es una señal…. quienes sentimos que el camino es mágico somos nosotros. Lo que es mágico es la vida en toda su plenitud. Esa vida que transita por el Camino de Santiago.

Nosotros tenemos esa capacidad de aprender, de fluir, de dejarnos llevar, de crear resistencias, de amar, de lastimarnos a nosotros y a otros, somos capaces de protegernos, de proteger al otro, de aleccionarnos y de castigarnos, de hacernos fuertes a nosotros mismos  o de dejar que nuestras debilidades nos atrapen.

Es capacidad humana, característica humana, no de un camino. Ahora bien, el Camino es un contexto perfecto para poner en práctica todo lo bueno y lo malo que tenemos. Afortunadamente, solemos elegir lo bueno. ¿Es el ser humano bueno por naturaleza? Rousseau decía que sí. Hobbes decía que no. Bueno, que sigan con sus argumentos los grandes pensadores. Yo no lo sé.

Lo que pasa es que los seres humanos estamos llenitos de emociones que son las que nos mueven. Y en función de ellas y del control que tengamos sobre las mismas, actuamos. Y en el Camino las emociones se disparan. Si no dejamos que se nos disparen se quedan ahí reprimidas para salir un poco más tarde. Una emoción reprimida termina saliendo en forma de llanto o risa, dolor de cabeza o de estómago. Mal humor o ganas de desaparecer. O ganas de comerse el mundo. Sea como sea, la emoción saldrá como pueda y si no percibimos ningún cambio externo, lo hará a nivel interno, desequilibrando nuestra homeostasis fisiológica (desequilibrando los niveles hormonales, por ejemplo). Freud decía: Las emociones reprimidas nunca mueren, son enterradas vivas y saldrán de la peor manera.

Caminoterapia: caminar nos aporta muchos beneficios para la salud física y mental.

¿Qué hacer entonces? Aprovechar el Camino, que no está vivo ni es ningún ser divino para fluir, para dejar que esas emociones nos muevan hacia donde tengan que hacerlo. ¿Qué hacer entonces? Dejar que el Camino nos vuelva locos de amor o de rabia. Que nos haga sentirnos desdichados o afortunados. Da igual. En todo caso será terapéutico.

El camino no te da lo que necesitas. Simplemente, el camino, si dejamos que suceda, se convierte en un terapeuta emocional. Vale… pues si lo hacemos en el Camino… ¿por qué no hacerlo en nuestro contexto diario de la vida cotidiana, por qué no dejamos que nuestra vida cotidiana sea nuestra terapeuta emocional? Pues porque estamos autocensurados por una inercia insana, por una corriente opresiva, estamos autoencorsetados.

Anda va, tiremos para el Camino, que nos da lo que necesitamos.

Os comparto enlace a mi canal de youtube El Clímax del Caminante donde podéis encontrar vídeos del Camino de Santiago (dudas frecuentes y otras cositas). Y enlace al artículo Por qué Cargar con nuestra propia Mochila, que está muy relacionado también con la caminoterapia 😉