Este texto se lo dedico a Gisela, quien fue mi compañera en los 4 días del Camino Mozárabe y nombró el término “outsider”. Y a Jose (lo escribo sin tilde porque lo pronunciamos así :p ) por su gran frase “yo soy el raro que en los días libres me voy a caminar” (en mi opinión, otro que, con todo mi respeto, admiración y cariño es un poquito “outsider”).

Fue un camino caluroso y tranquilo. Para mí un camino de estar en mi mente más que en mi cuerpo, de divagaciones internas y reflexiones que hoy, unos días después, van materializándose en forma de escritura.

En el Camino a veces se habla de todo con la persona con la que caminas, y  a veces no se habla de nada. En algún momento, Gisela me comentó “eres outsider”… me hizo gracia esa expresión. Me hizo sonreír. Y sí, lo soy. Un poquito al menos. Lo he sido un poco toda mi vida, desde que era chiquilla. Y, aunque en psicología no he escuchado de momento la expresión “personalidad outsider” porque en psicología los rasgos de personalidad son muy complejos, y la persona tiene varios rasgos de personalidad diferentes, en sus diferentes grados, me encanta este término inventado.

No es fácil ser outsider, al menos para mí no lo ha sido. Ahora es cuando mejor lo llevo, supongo porque, según vas avanzando en el camino de la vida, vas cogiendo más seguridad.

Rasgo de personalidad outsider. Un rasgo inventado…, ¡pero me gusta!

Cuando era chiquilla siempre me llamaron la atención otros niños que decían de ellos que eran “raros”. Ahora me sigue fascinando la gente que tiene vidas “diferentes” a lo socialmente establecido como “más o menos normal”. Quiero dedicarme a la psicología porque me gustaría ayudar a personas que no están pasando por sus mejores momentos. Y seguro que, en muchos casos, cuando no se trate de un trastorno psicológico, será porque no están caminando por el camino que de verdad desean. (Ahora mismo vuelvo a acordarme de Arkaitz y su libro “La Llave del Laberinto”. A los outsiders os encantará).

Aunque en mi extrabajo, al tener contacto con tantas personas tan diferentes y de tantos lugares distintos del planeta, me di cuenta de que en realidad todos somos un poco “outsiders” en mayor o menor medida. Porque cada persona es un mundo. Pero algunos se dejan llevar más por la corriente social y otros nos dejamos llevar menos. Incluso a veces nadamos contracorriente y eso a veces es doloroso. También lo es dejarse arrastrar… así que supongo que lo ideal es encontrar un equilibrio interno de quietud y calma, dejando que la corriente siga su curso y buscando y caminando por nuestro propio camino, (mindfulness ayuda mucho a conseguirlo) aunque la corriente nos llame “raros” en algún momento. O simplemente no terminen de comprendernos.

Soy una persona que tengo muchos conocidos, pero pocos amigos. Me acuerdo ahora de un compañero que me dijo una vez: “a ti mucha gente te ve, pero pocos te conocen”. Sí, es cierto, le dije. Así es. Hay frases que se quedan grabadas. Los outsiders podemos pasar desapercibidos… En realidad creo que podría contar con los dedos de una mano o tal vez de las dos manos las personas que realmente me conocen en profundidad (alguno es de mi familia y otros son algunos buenos amigos). Esas personas con las que puedes sacar tu parte outsider y sentirte plenamente satisfecha porque sabes que la otra persona te conoce bien, porque con esa persona te sientes como “en el hogar”. Porque seguramente esas personas, aparte de que me unan lazos familiares o de una profunda amistad, son también un poquito outsiders… o un muchito.

Bien, pues como comentaba, ser “outsider social” para mí ha sido complicado. Pasé por algún momento de la vida en que quise “ser normal” hasta que me di cuenta que ser como soy era maravilloso. Caminar a mi aire y a mi ritmo y caminar por mi propia senda era realmente satisfactorio. A día de hoy, me siento bien. No me importa no encajar en muchos lugares o no tener intereses demasiado comunes. No me importa. Llegué a la conclusión de que al final lo importante en mi vida es estar tranquila. Sentirme en paz conmigo misma. Punto. Y ya está.

A veces, incluso siguiendo mi camino, me topo con esa corriente que me tambalea un poco (como cuando se desborda un río y puede llegar a arrastrarte) pero después vuelvo a mi posición outsider con tranquilidad, con comprensión. Porque es importante conocernos, comprendernos, aceptarnos y amarnos.

Creo que, muchas de las causas de depresión, ansiedad o estrés son precisamente causadas por la no aceptación de la forma de ser de uno mismo. Tal vez tu parte outsider está gritándote desde dentro que la dejes salir. Y cuanto antes lo hagas,  mejor para ti. No te preocupes, hay más gente como tú. Aunque no hay dos personas iguales, pero sí, dentro de las diferencias individuales de cada uno, los outsiders solemos conectar bastante bien entre nosotros.

Puedes salirte del rebaño si quieres. Y si no encuentras tu lugar, sigue buscando; sigue caminando. Si aún así sigues sin encontrarlo… rodéate de outsiders, verás cómo te encuentras cómod@. Si aún así tienes muchas resistencias… ve a un psicólogo. Con suerte, si es un psicólogo outsider creo que tendrás mayores posibilidades de conseguir el éxito.

Nota: este texto es mi sentir personal NO basado en evidencias científicas. Si te apetece un blog profesional, visita mi web: www.elclimaxdelapsicologia.com.