Sé que aquello que me satisface hoy, tal vez no me satisfaga mañana. Somos seres en constante cambio, como el Universo. Hoy aspiramos con todas nuestras fuerzas a algo… pero tal vez en unos años nuestros sueños u objetivos hayan cambiado. La búsqueda constante de la felicidad es uno de los «eternos» del ser humano.

Además de esto y por otra parte, a veces elegimos la opción que nos parece menos mala. Pero no la ideal. Y decidimos adaptarnos a ella. Dejando nuestra opción ideal como algo utópico imposible de conseguir.

Y me refiero al tema laboral, pero también al relacionado con objetivos personales que creemos que nos podrán proporcionar una gran satisfacción. Y muchas veces hemos comprobado por nosotros mismos que, aquello que nos parece imposible, es sólo una traba mental. A mí me sucedió en Pico Viejo, mi primer tresmil. Estaba segura que no sería capaz de llegar (por mi estado físico, por mis dificultades al respirar, etc.) pero resulta que sí llegué. Y esa llegada para mí fue muy simbólica. Hasta el punto que tiempo más tarde, nació el blog El Clímax del Caminante, que hoy ha evolucionado hasta esta web que estás leyendo. Aprendí tanto a nivel personal de esa travesía, que cada año lo celebro.

Así que, entre unas cosas y otras y como diría el refranero… la casa sin barrer. Es decir, posponemos a veces la búsqueda de la felicidad porque pensamos que ésta no está a nuestro alcance.

Por eso los libros de auto-ayuda tienen tanto éxito. Por eso tal vez el pseudopensamiento positivo está tan de moda. Pero recordad que nada tiene que ver la psicología positiva con el pseudopensamiento o la dictadura del pensamiento positivo, como yo los llamo. (Escribí un post al respecto que podéis leer aquí: Mindfulness, coaching y psicología positiva ).

Y yo me pregunto… ¿Y si hacemos una indagación interna de averiguar realmente qué es aquello que nos hace sentir bien y vamos a por ello? Tal vez en unos años eso deje de satisfacernos, sí. Y cambiaremos de opción, pero al menos disfrutaremos mientras tanto. Disfrutaremos del camino.

La búsqueda de la felicidad a través de midfulness… ¿Es posible?

¿Cómo hacer esa indagación interna?

Por una parte, empecemos por aprender a vivir el momento presente con atención plena, sea el que sea ese momento y sea la que sea la vivencia o pensamiento que estemos teniendo. Sin juzgarla, sea la que sea. Que nuestra mente aprenda a no divagar constantemente (OJO que el divagar de la mente es genial, luego hablamos de eso).

Observemos ese momento, sea el que sea con atención. Focalicemos nuestra atención en lo que estamos haciendo sin juzgarlo. Después nos daremos cuenta de que ese instante se esfuma, que no es eterno. Sea lo que sea que estemos pensando, haciendo o sintiendo, no durará más de unos instantes. Dejemos que ese instante marche. Esto es Mindfulness.

Y por otra parte, dediquemos algo de “tiempo muerto” que en realidad es “tiempo vivo”  a la imaginación, a divagar (¿veis como divagar es importante?) El problema es que divaguemos siempre y no estemos presentes nunca en lo que realmente estamos haciendo).

Pero divaguemos en positivo, dejemos que la mente sueñe. Cuando imaginamos en positivo también se activa el centro de placer del cerebro, casi al mismo nivel que si realmente estuviésemos experimentando esos sueños.

Muchas personas tienen miedo o simplemente no son capaces de dejar volar la imaginación. Como cuando éramos niños que vivíamos en un constante mundo de fantasía y la imaginación no tenía límites.

Hagamos eso… imaginemos qué es lo que nos haría felices, sin el filtro de los prejuicios y sin el filtro de la vida que podamos llevar ahora condicionada por causas ajenas a nosotros (hijos, cuidados de familia, falta de dinero o trabajo o trabajo que no nos gusta, enfermedades, miedos internos; todo eso es pasajero)… soñemos igualmente. Soñar es gratis. Siempre somos dueños de nuestros sueños.

Y, en tercer lugar, preguntémonos: ¿Qué es aquello que nos hace felices? Si no sale respuesta ahora no importa… sigue practicando atención plena durante el mayor tiempo posible y sigue guardando momentos para que la mente divague en positivo. Sigue practicando la búsqueda constante de la felicidad, pero con calma.

A mí me hace feliz caminar por entornos naturales. Así de simple. Hay momento que en un lugar determinado cuando estoy caminando me paro y siento que soy feliz. Que mi felicidad está ahí. Me siento plena, con mi mochila a la espalda. Y sé que lo único que necesito es lo que tengo.

Ese momento de placer se mimetiza con cada molécula de mi cuerpo y de mi pensamiento, se me activa el centro de placer del cerebro y me siento realmente feliz. Sólo por estar ahí, contemplando la inmensidad de una montaña, o sintiendo el vaivén de las olas del mar, por ejemplo. Ya está, sin más. La felicidad está en mi presente. Aquí y ahora.

Seguro que hay cosas que le hacen feliz a uno, tan simples como caminar, como subir una montaña o como nadar en el mar o jugar con el perro o jugar al escondite con los hijos o los sobrinos.

Disfrutemos de esos momentos que nos llenan de vida. Aprendamos a hacerlo. Disfrutemos de esos instantes con atención plena. Empecemos por aquello que está a nuestro alcance para ir poco a poco incrementando esas expectativas…

Tal vez, y solo tal vez… nos damos cuenta de que la felicidad tan solo haciendo unos pocos cambios internos o externos, la encontramos dentro de nosotros. Y no fuera.

NOTA: si estás pasando por algún proceso ansioso-depresivo o similar, consulta siempre a un psicólogo.

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