1 de noviembre. La muerte de una pasión.

Hoy es día festivo y muchas personas van al cementerio a poner flores a sus muertos. Me gustan los cementerios. Son lugares silenciosos de paz y descanso.

Comienzo el mes de noviembre con el buen sabor de boca del audiorelato de un capítulo de uno de mis ebooks que Manuel Aguilar publicó ayer.

Y el gozo que me produce escribir. Es mi manera natural de expresarme, de sacar lo de dentro hacia afuera, siempre lo fue. Además, cuando escribo, el tiempo desaparece. Es también una manera de entrar en hiperfoco y olvidarme totalmente del mundo exterior y recrearme en mi mundo. Escribir me resulta terapéutico.

Antes lo hacía a bolígrafo y en libretas. Después me pasé al Word, aunque muy de vez en cuando, sigo escribiendo en libretas.

Entre tantas otras cosas que quise ser “de mayor” una de ellas era ser “escritora”.

Eran sueños de cría. Me imaginaba de mayor haciendo lo mismo que hacía de cría cuando estaba en el campo, pero ganando dinero con ello.

Escribiendo en una cabaña en el bosque, escribiendo al calor de una fogata o al aire libre apoyada en un árbol. O escribiendo metida en el silencio de una cueva o rodeada de la paz de un cementerio. Escribiendo a mi aire y a mi rollo lo que fuese que se me pasara por la cabeza. Un cuento, una reflexión, una frase…

Con el tiempo ese sueño se fue difuminando y finalmente disolviendo. Los “golpes de realidad” de lo que implica escribir y publicar un “libro de verdad” no entraban en mis planes. Y siguen sin entrar.

Cuando yo de muy niña estaba vagabundeando con mis sueños de futuro, descubrí que un familiar escribía libros y, aunque tampoco se ganaba la vida solamente escribiendo libros, me hizo darme cuenta de lo que de verdad implica ser escritor.

Se llama Joan Dolç. Él se encerraba en su lugar de concentración y aislamiento para hacerlo. ¡Tuve la suerte de colaborar en uno de sus libros planchando sus fotos en blanco y negro! Jeje “Life is Fun” se llamaba esa obra ilustrada. Tiene varios libros publicados en valenciano, algunos han sido traducidos a otros idiomas. Su escritura es de nivel y nada tiene que ver con la mía. Además, es guionista, editor, productor y fotógrafo… y no sé cuántas cosas más. Es una persona increíblemente inteligente. Tal vez tiene un CI de genio. (CI que no he heredado porque no compartimos genética jajajaja). Ahora apenas tenemos relación, llevamos vidas muy distintas, vivimos en mundos distintos. Pero fue un buen “jefe” con el que aprendí varias cosas.

Desde ayer, tras publicar el audiorelato misteriosamente erótico y comentar con Manuel el trabajo que lleva escribir y narrar y lo que disfrutamos haciéndolo, me fui a dormir. Y esta noche mi cerebro ha estado procesando cosas… tal vez tengo que recordar la diferencia entre pasión y trabajo.

Creo que lo que me suele pasar con mis proyectos de futuro basados en sueños y pasiones, es que los imagino a mi manera, en mi cabeza, a mi gusto… después resulta que el mundo real no funciona así. Y con el tiempo pierdo la ilusión y la motivación.

El mundo real funciona a base de producir y competir. Funciona a base de normas y protocolos, pero también de postureos. Hay que ser siempre el mejor; pero, además de serlo, hay que aparentarlo. Hay grandes talentos perdidos por ahí por no saber aparentar. El mundo funciona a base de fama y dinero y de pasar por el aro de muchas cosas. Qué agotamiento, la verdad. Algunos proyectos basados en pasiones mueren atravesados por lanzas horribles que van directas a destruir la llama de la creatividad.

En mi caso, para que una pasión siga siendo una pasión, ha de hacerse de forma libre, desde dentro… si no… se distorsiona, pierde fuerza y pierde sentido. Y, finalmente, muere.

Por eso he visto algo de salida a mi manera de escribir en artículos de blog o en los ebooks que he publicado en Amazon. O incluso en FB. Porque escribo a mi aire total. Sin nadie que me diga cómo hacerlo, sin normas, sin protocolos, sin censuras externas, sin número mínimo de palabras… puedo escribir mis tochos a mi manera y a mi placer. Desahogarme como me da la gana, escribir las reflexiones o pensamientos que se me pasen por la cabeza en cada momento.

Seré muy rara, soñadora, inadaptada, inmadura… o a veces tal vez tengo el pensamiento en las estrellas; pero sin eso sería una persona gris y apagada del todo. A veces me siento cansada de tener que seguir adaptándome continuamente a muchas cosas.

No soy rebelde ni nada. Solo quiero sentir que todavía me queda algo auténtico, algo muy mío; solo quiero sentir que mi creatividad y mi manera de expresarme pueda fluir como me dé la gana;  algo en lo que de verdad todavía hoy me siento libre de actuar como quiero, aunque no me gane la vida con ello. Y ese algo es escribir a mi rollo, sin más. Solo cuando me brota, sin exigencias.

Supongo que esta sensación que comparto le pasa a mucha gente, supongo que nos pasa a casi todos. Estamos sometidos a los corsés sociales, a los protocolos inventados. Y necesitamos una vía de conexión directa con nuestra autenticidad y creatividad sin normas; sea lo que sea que nos guste hacer. Escribir, bailar, caminar o comer donuts a dos manos, da igual. Pero que no nos digan cómo hacerlo, copón.

Por eso NO, no aspiro a ser escritora profesional si tengo que cambiar mi forma de hacerlo. No quiero que esta pasión que me acompaña desde cría se muera.

Prefiero seguir así, con mi pequeño-gran público que ni me exige ni me somete; y, además me valora. Si tuviese que pasar por filtros y protocolos y exigencias, lo que ahora es mi placer, iría muriendo lentamente, convirtiéndose en una manera más de alimentar la rueda del sistema de consumo-producción-vacía-y-sin-pasión.

Cada vez que compráis uno de mis ebooks en Amazon, a mí me llega un porcentaje. Y cada vez que leéis gratis con vuestra suscripción a Kindle Unlimited, a mí me llega otro porcentaje por página leída.

Seguramente no me me voy a hacer rica con esto, pero me quedo satisfecha de que, lo que para mí es un placer, a otras personas les aporta y les gusta. Así que: GRACIAS.

Este artículo lo escribo para mí, para acordarme de proteger esta pasión de la muerte. Y lo comparto, por si a alguien le sirve para proteger sus pasiones de las exigencias del mundo exterior.  Las pasiones hay que cuidarlas y respetarlas para que no mueran y queden olvidadas para siempre en el baúl de los intentos.

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