La flor del almendro, una bonita imagen de la impermanencia. La representación de la vida. Somos seres efímeros y la eternidad puede durar un instante.

La flor de los almendros, cerezos, melocotoneros y otros prunus son mis favoritas. La imagen de cabecera de este post fue tomada el 11 de febrero en la provincia de Castellón. Preciosos prunus en flor.

Las floraciones de estos árboles son acontecimientos que no pasan inadvertidos. Hay campos de almendros que inundan grandes extensiones con su color blanco o rosado, pero también hay almendros que nacen en cualquier lugar, solos. En todo caso destacan sobre el verde del resto de vegetación.

En esta región donde vivo suelen florecer en los meses de enero-febrero y algunos más tardíos en marzo. La floración entera es un proceso precioso que representa totalmente un ciclo de la vida en muy poco tiempo. Primero se ven en  las yemas unos pequeños abombamientos, señal de que la flor está deseando asomar a la vida. Finalmente la flor se abre. Es preciosa.

Cuando la flor está abierta las abejas comienzan la polinización. No tendríamos almendros sin ellas. Todo es un ciclo de impermanencia basado en un ecosistema perfecto. Finalmente la flor cae, el almendro se va llenando de nuevas hojas verdes y lo que queda de aquella flor es la futura almendra, que engordará y madurará.

La flor del almendro no dura demasiado tiempo en el árbol. Representa un hermoso y corto ciclo vital que podríamos comparar a nuestra propia vida; a todo lo que existe.

Desde los planetas, las estrellas y otros cuerpos celestes que tuvieron un principio y tendrán un final, pasando por las diferentes especies que poblaron el planeta Tierra y desaparecieron; las diferentes civilizaciones de humanos que pasaron por el planeta y desaparecieron; las personas que hoy en día, cada día nacemos y morimos igual que una flor de almendro.

Cada persona, animal, vegetal o cosa existimos durante un tiempo determinado, seguramente incierto.

Ahora estamos aquí y después no estaremos, como la flor del almendro. Cada año nacen flores nuevas, pero nunca es la misma flor. Cada flor es única, aunque parezca exactamente igual que la flor que nace a su lado. Y ese almendro que contiene cientos de preciosas flores, desaparecerá algún día. Y la tierra que sustenta ese almendro, también.

Si observamos con atención plena la floración del almendro, nos damos cuenta de que representa una explosión de vida, de color, una invitación a la vida; una invitación al ahora,  a ser consciente de la impermanencia de los instantes. Nos invita a presenciar la eternidad que dura solo unos días.

Si hay un almendro cerca, acércate a él. Mira su flor, observa su forma, sus pétalos, el pistilo,  los estambres… sus colores. En una misma flor se pueden observar diferentes colores. Acércate con suavidad y capta su aroma. Descubre el momento infinito que existe en un instante de flor. Cierra los ojos y con la imagen de esa flor en la mente, agradece ese momento y sé consciente de que esa flor en unos días ya no estará. Al igual que tú, al igual que yo, al igual que todo lo que existe.

Lo único permanente es el cambio. Somos seres efímeros y la eternidad puede durar un instante.

Feliz momento.

Enlace a la Meditación de la Impermanencia.

Meditación de Impermanencia

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