¿Qué hace el cerebro cuando no estamos concentrados en algo específico?

Cuando la mente no está haciendo algo específico, entonces, divaga. Va de un lado para otro, ociosa. Y aparecen pensamientos incontrolados y automáticos. Es decir: no decidimos nosotros en qué cosa vamos a pensar, sino que aparecen los pensamientos solos.

Normalmente suelen ser pensamientos del pasado o del futuro, pero no del aquí y ahora. No son pensamientos del momento presente. Y además, la mente suele buscar control con esos pensamientos errantes. Ese suele ser nuestro estado natural durante gran parte de día y sobre todo, muchas veces, cuando vamos caminando, dando un paseo, que salimos a pasear por puro placer, la mente comienza a divagar más y más. Y eso está bien. Son momentos en los que, al dejar la mente divagar suelen aparecer buenas ideas, deseos, por ejemplo. Suele aparecer la creatividad también.

Pero… ¿qué pasa si esa mente divagante, en lugar de dejar volar la creatividad empieza a preocuparse por cosas que hemos dejado pendientes de hacer o cosas que tenemos que hacer próximamente y que nos generan cierta ansiedad? Como la mente quiere tomar el control de todas las situaciones, en seguida se pone en modo de alarma y esos estados rumiativos (el pensamiento rumiativo es un patrón mental obsesivo y repetitivo que la mente no logra solucionar. Por lo tanto se repiten sin fin) generan estrés, ansiedad e incluso también se producen en la depresión.

La mente quiere tomar el control de todas las situaciones y entonces se pone en modo de alarma.

¿Qué hace la mente cuando divaga?

  • Intenta evitar situaciones que le resultan desagradables (por ejemplo en las fobias, se tiende a huir de la situación que provoca ansiedad). Intentamos escapar.
  • Intenta pelear, eliminar, luchar… al no aceptar una situación. De esta forma se crean las resistencias mentales.
  • Y, finalmente, cuando no es capaz de superar esa situación, entonces la mente colapsa. Es cuando nos sentimos como decimos coloquialmente “desbordados”.

¿Qué alternativas tenemos?

¿Cuál es la alternativa a ese “divagar de la mente”? Mindfulness. Mindfulness es estar con atención plena en el momento presente. Si entrenamos el cerebro para que esté centrado en el momento presente cesarán esos pensamientos rumiativos.

Cuando estamos caminando es un momento ideal tanto para que la mente divague como para hacer exactamente lo contrario: practicar mindfulness. Para practicar mindfulness podemos centrar nuestra atención en el contacto de nuestra planta de los pies en el suelo a cada paso que damos.

Si practicamos esta meditación cada día, un rato, mientras estamos caminando para desplazarnos de un lugar a otro en nuestra vida cotidiana, o en una ruta de senderismo o haciendo el Camino de Santiago durante varias jornadas… si durante algún tiempo al día tenemos la actitud amable y cariñosa de centrar esa atención en nuestros pasos, calmaremos nuestra mente. Hay que hacerlo sin tensiones, con cariño, sin generar resistencias a practicar esa meditación. De esta forma estaremos entrenando al cerebro (igual que se entrena un músculo) a mantener la atención plena en el momento presente.

Aquí y ahora. Feliz momento.

Meditación del Caminante. Camino Vadiniense.