Si ya os habéis iniciado en el mundo  mindfulness , seguro ya las conocéis. Si no, aquí os las presento. Las 7 actitudes básicas son los cimientos de cualquier práctica mindfulness ;   de vivir con atención plena. Y son la base de todos los talleres y cursos.

Según J. Kabat Zinn, el mindfulness “no solamente se entiende como una atención desnuda, sino también como una atención afectuosa”.

Existen siete factores relacionados a la actitud que son los principales soportes de la práctica de la atención plena (7 actitudes básicas):

  • No juzgar
  • La paciencia
  • La mentalidad de principiante
  • La confianza
  • El no esforzarse
  • Aceptación
  • Ceder

Las cualidades deben ser cultivadas con atención.

Las siete actitudes básicas de mindfulness son el soporte de la práctica.

No juzgar

 La atención plena se cultiva siendo testigos imparciales de nuestra experiencia. Tomar conciencia del flujo de juicios que emitimos a cerca de nuestras reacciones y experiencias internas y externas, y de cómo nos sentimos atrapados. Al prestar atención a nuestra mente descubrimos que generamos juicios de nuestra experiencia.

Al observar cómo etiquetamos y reaccionamos ante dicha experiencia, las personas, las cosas y los sucesos son etiquetados como “buenos” porque por alguna razón hacen que nos sintamos bien. Otros como “malos” y otros serán etiquetados como “neutros”, no les concedemos importancia y mucho menos atención. Esta costumbre de categorizar y juzgar nos limita sin ni siquiera darnos cuenta, y en la mayoría de los casos carecen de una base objetiva. Estos juicios dominan nuestra mente.

Con la atención plena es importante reconocer en qué momento aparece esa cualidad mental que enjuicia, y no dejar de recordarnos que lo único que hay que hacer es observar, sin querer eliminar o modificar nada.

Por ejemplo: cuando vigilamos nuestra respiración, puede llegar el momento que nuestra mente comience a emitir una serie de juicios como: “Que aburrido”, “esto no va a funcionar”, “No puedo hacer esto”… en ese momento recordar que es necesario reconocerlos como pensamientos que juzgan y sólo observarlos pasar sin cambiar nada y volver a nuestra respiración con atención plena.

Paciencia

Cuando practicamos la atención plena, cultivamos la paciencia hacia nuestra propia mente y hacia nuestro propio cuerpo. Nos recordamos que no hay necesidad de impacientarse. Podemos encontrarnos tensos, nerviosos, o asustados. Podemos creer que llevamos un tiempo de práctica sin aparentes resultados positivos.

Es aquí el lugar idóneo para tratarnos bien para decirnos que esta experiencia forma parte de nuestra vida en ese mismo instante.

Al practicar estar así con nosotros mismos, nos encontramos con nuestra mente que posee una “mente propia”, nos damos cuenta de cómo le gusta vagar al pasado o al futuro, perdiéndose del presente. Pueden manifestarse pensamientos negativos y desagradables que generan dolor e intranquilidad.

El mero hecho de pensar ya está ejerciendo una llamada o un tirón en nuestra conciencia. Nuestros pensamientos ejercen y arrollan toda nuestra percepción del momento actual y perdemos la conexión con el presente, con el aquí, y con el ahora.

La paciencia es esa cualidad necesaria y útil para recordar a la mente agitada de que podemos ayudarnos a aceptar esa forma errática y de recordarnos que estamos siendo arrastrados por sus viajes. La paciencia consiste sencillamente estar abiertos al momento aceptándolo con toda su plenitud y que las cosas se solucionan o descubren cuando les toca.

Mente de principiante

La gran riqueza que tiene la experiencia del momento presente no es sino la riqueza de la propia vida. La mayoría de las veces permitimos que los pensamientos y creencias nos impidan ver las cosas como son.

Al cultivar esa mente de principiante tendremos una actitud especial, practicaremos con las técnicas de meditación formal, y veremos que sea cual sea la técnica ya sea la propia exploración del cuerpo o la meditación sentada, adoptaremos la mente de principiante abierta, la mente abierta, la mente que nos evitara atascarnos. La mente de principiante nos viene a recordar una sencilla verdad… “que ningún momento es igual a otro, que cada uno de ellos es único y está lleno de posibilidades

Preguntémonos si vemos a las personas con ojos nuevos,  o si vemos el reflejo de nuestras propias ideas acerca de ella. Podemos hacerlo con nuestros hijos, con nuestra pareja, con nuestros amigos, con nuestro entorno, la propia naturaleza, una mascota, con los problemas cuando estos afloren.

¿Podemos ver el cielo, las estrellas, los árboles, las rocas, los pájaros, o sólo los vemos a través del velo de nuestras propias ideas y opiniones?

Confianza

La confianza en uno mismo y en nuestros sentimientos forma una parte integrante de la meditación. Confiar en nuestra propia intuición y en nuestra propia autoridad. Quizá en algún momento algo no nos parece bien, así que ¿por qué no seguir esa sensación? ¿Por qué la hemos de tachar de inútil porque algunas personas piensen o crean de manera distinta a la nuestra?

Poner atención en nosotros mismos para vivir en plenitud, sin desear imitar a nadie. Todos los maestros, libros, vídeos o audios son tan sólo guías que te ayudan a facilitar tus prácticas.

Practica contigo mism@ la toma de tu propia responsabilidad de escucharte y aprender de tu propio ser.

No esforzarse

Todo lo que hacemos es con una finalidad: Conseguir algo, llegar a un objetivo claro para nosotros.

Sin embargo, paradójicamente, la meditación consiste en todo lo contrario ya que su fin es el “no hacer”. Ser nosotros mismos y alcanzar a vernos realmente como somos.

Aunque vengan pensamientos como: “me voy a relajar, me voy a iluminar, voy a controlar mi dolor o sufrimiento”. En ese mismo instante ya estamos diciendo a nuestra mente dónde debería estar, con la idea de que no estoy bien en el momento presente que estoy viviendo plenamente. Con esa idea de si todo funcionará o fuera de una determinada manera yo estaría bien, pero resulta que no es así.

Esta actitud socava el cultivo de la atención plena, al ponerme tenso lo único que haré será prestar atención a esa tensión, si siento dolor llevaré mi atención al dolor. Si llevo mi atención a estar atenta, estaré presente y todas las cosas que experimente es porque ya están aquí.

Aceptación

Ver las cosas como son en el presente, aceptarlas. Ya podemos estar enfrentándonos a una enfermedad, a un divorcio, a un problema económico, cualquiera que sea la circunstancia de nuestra experiencia.

Seremos capaces de aceptar cuando atravesemos por periodos de negación muy emotivos y con una continuación de ira.

Con frecuencia gastamos nuestra energía cada día intentando cambiar las cosas, queriendo dejar de sentir esa incertidumbre que nos invade, sin darnos cuenta de que lo que está sucediendo es un hecho por mucho que nos resistamos a aceptarlo.

Podemos negarnos, forzar la situación, luchar hasta que no nos quede energía para sanar y crecer por nuestra falta de conciencia e intención.

Aceptarnos como somos antes de que en realidad podamos cambiar. La aceptación no significa que deba gustarme todo lo que me ocurre, o que tenga que optar por una postura pasiva ante la situación y abandonar mis principios y valores.

Tampoco significa que deba estar satisfech@ con lo que está sucediendo o que deba resignarme. La aceptación quiere decir que hemos llegado a la voluntad de ver las cosas como son. Con esta actitud preparo el escenario para que, pase lo que pase, podamos actuar de la forma adecuada en nuestra vida.

La aceptación se cultiva cuando logramos tomar el momento de lleno, tal y como es.

Sin imponer nada, sólo mostrarnos abiertos a lo que sintamos, pensemos o veamos y aceptarlo porque ya está aquí y ahora.

Ceder

La actitud de ceder (o soltar) cultiva cuando dejamos de “aferrarnos”.

Con la práctica de la atención plena prestaremos atención a nuestras experiencias interiores y podrás descubrir que la mente tiene determinadas ideas, sensaciones y experiencias que tratamos de evitar o quizá de las que intentamos a toda costa liberarnos o protegernos, ¿por qué intentamos liberarnos y protegernos? Porque son desagradables, dolorosas y nos causan muchísimo miedo.

Cuando nos veamos juzgando nuestras experiencias, dejemos que esas ideas enjuiciadoras se vayan. Reconociéndolas y simplemente no las persigamos más.

Dejémoslas en paz, permitiendo que se vayan. Solo permanezcamos alerta.

Si la experiencia del presente es especialmente difícil y nos domina, podemos dirigir nuestra atención a lo que sentimos al “aferrarnos” a ella. Ahí justamente es cuando podremos observar con mayor claridad nuestros apegos y las consecuencias que esos apegos acarrean a nuestras vidas.

Cuando logramos ver cómo nos aferramos estamos teniendo atención plena que sigue dirigiéndonos hacia una forma nueva de mirar.

Cuando la mente no se calla, es una de las primeras señales de un alto nivel de estrés.

Nos sentiremos incapaces de liberarnos de ideas si estamos muy apegados a ellas; en ese caso ejercerán poder sobre nosotros.

Soltar es la clave fundamental para liberarnos del dolor. Pero soltar de forma suave, como hacen los árboles caducos con sus hojas en otoño.

Al cultivar estas actitudes de no juzgar, paciencia, confianza, mente de principiante, no esforzarse, aceptación y ceder nos permitirá que nuestra práctica sea más profunda.

Consejos

Las 7 actitudes básicas están siempre integradas en la práctica de mindfulness.

Es indispensable optar por sentir energía o motivación a la hora de practicar.

Sentir y tener ese compromiso de trabajar diariamente en nosotros mismos con autodisciplina. Practicar todos los días de la semana.

El entrenamiento implica hacer un cambio importante en nuestras vidas. Requiere buscar el lugar y el momento adecuados, donde no seremos molestados durante nuestra práctica de meditación.

Nuestra práctica es tan potente como nuestra motivación. La confusión, el cansancio, la depresión y el nerviosismo son poderosos estados mentales que socavan nuestras intenciones de practicar. Nos podemos ver bloqueados en esos estados sin darnos cuenta. Practicar requiere valor. Es necesario tener un grado de visión personal, de quién podríamos ser o de qué podríamos ser si nos liberamos de esas trabas de nuestra propia mente, y de las limitaciones de nuestro cuerpo…