La función principal que debía desempeñar en mi antiguo trabajo de atención al público era la escucha activa. Para averiguar lo que la otra persona nos dice verbalmente y también lo que nos dice  a través de su expresión corporal: la mirada, el movimiento de piernas y brazos, la inclinación del cuerpo y de la cabeza, la entonación de la voz… para llegar a este tipo de escucha, la atención plena ha de estar puesta en el otro.

Después de tantos años haciendo esto a diario con cientos de personas, algunas que ni hablaban bien el idioma (o no lo hablaban en absoluto), simplemente sabía lo que querían por la forma en que se sentaban en la silla o la forma de sujetar los papeles que llevaban en las manos o con el saludo que me daban o la expresión del rostro.

Sabía si llevaban la documentación que yo necesitaba antes de que me la enseñaran. Sabía si iban a tener que volver o no. ¿Era yo adivina? No. Simplemente, con el tiempo, aprendí el lenguaje no verbal de esa situación concreta. Seguro que, a quienes habéis trabajado mucho tiempo con personas en atención al público os pasa lo mismo.

Esto es una habilidad que se aprende de forma natural simplemente poniendo atención. Por supuesto la empatía toma un papel imprescindible. Si trasladamos esto a las relaciones interpersonales de nuestra vida cotidiana, mindfulness nos enseña a poner atención en las interacciones que mantenemos con los demás, a centrar nuestra atención en las relaciones sociales.

Los seres humanos somos seres sociales y es habitual que pasemos mucho tiempo de nuestra vida relacionándonos con los demás (nuestros padres, hijos, amigos, compañeros de trabajo, etc.) Puede que las relaciones sean agradables, fáciles y amenas; y también puede que sean desagradables, difíciles o tóxicas; lo común en ellas es que nosotros nos comunicamos, conectamos mejor o peor con cada una de las personas con las que socializamos y eso nos puede generar más o menos estrés en nuestras vidas. ¿Cómo hacer qué sean satisfactorias? Con atención plena. 

Mindfulness nos presenta 6 cualidades para el desarrollo interpersonal y nos ayuda en nuestras relaciones.

¿Cómo podemos mejorar nuestras relaciones interpersonales?

Mindfulness nos presenta seis cualidades que considera esenciales para el desarrollo interpersonal y que nos ayuda a mejorar en nuestras relaciones:

  • Apertura: nos abrimos completamente a la otra persona y a la relación de un modo nuevo y limpio, donde podemos llegar a ver las cosas desde la perspectiva del otro.
  • Empatía: consiste en identificarse realmente con los sentimientos de otra persona, es decir, colocarse emocionalmente en su piel, “meterse en sus zapatos”.
  • Bondad: es la cualidad en la que deseamos realmente el bien del otro: que esté sano, se sienta libre de dolor y de miedo.
  • Ecuanimidad: cualidad de la sabiduría, serenidad y estabilidad mental que entiende la naturaleza del cambio. La ecuanimidad proporciona el equilibrio y sosiego necesarios para entender la interrelación que existe entre todas las cosas y todos los seres.
  • Regocijo por el bienestar ajeno: cualidad que se relaciona con la alegría, la emoción que surge ante un suceso favorable como puede ser la consecución de un logro, las relaciones con los amigos, lo que tiene que ver con las necesidades básicas.
  • Compasión: La base de la compasión es el amor. Es cuando la bondad amorosa se dirige hacia el que sufre, pudiera decirse que es el deseo de que los demás estén libres de sufrimiento.

Para trabajar todas estas cualidades que nos pueden ayudar a que nuestras relaciones sociales sean más satisfactorias: intención, atención plena y práctica diaria de mindfulness.

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