En pleno confinamiento a consecuencia de la covid-19 que sin duda pasará a la historia mundial, muchas personas han tenido que cambiar sus rutinas. Es un momento histórico y mindfulness es una herramienta fantástica para vivirlo con atención plena. 25 de marzo de 2020

A algunos les afectará más psicológicamente y físicamente; a otros menos.

Una vez más, son grandes perjudicados (aparte de los contagiados por el virus y quienes tienen patologías físicas) las personas que padecen algún trastorno psicológico. En algunos casos, el salir de casa está permitido, pero en otros casos no se contempla.

Personas con trastornos del estado de ánimo (y otros trastornos psicológicos) es muy probable que en estas condiciones estén sintiendo que sus síntomas empeoran. Los psicólogos ahora están a pleno rendimiento, atendiendo a pacientes crónicos, pero atendiendo también a pacientes nuevos.

En el futuro, veremos los datos estadísticos de cómo esta crisis está afectando ahora mismo a la salud mental de las personas.

Cada persona hace lo que puede y como puede para intentar mantener el ánimo lo mejor posible.

Unos evitan hablar de la situación, hacen como si no existiera (yo no soy partidaria en absoluto de esto). Otros intentan pensar únicamente en positivo. Otros están todo el día hablando de ello e informándose o sobreinformándose y retroalimentando su propio malestar. Unos intentan llevar su rutina lo más “sana” posible tanto a nivel físico (haciendo ejercicio en casa) como a nivel psicológico (manteniendo el contacto cibernético con sus familiares y amigos, escuchando música, leyendo libros o disfrutando de la soledad). Recordemos que la soledad en sí misma ni es “buena” ni es “mala”. Es la sensación de “sentirse solo” incluso a veces rodeado de gente, es lo que puede convertirla en “negativa”.

Haga lo que haga cada uno, recordemos que reprimir emociones es algo muy nefasto, en todos los sentidos. Tanto la risa como el llanto son nuestra fuente natural de liberar tensiones. Y, en ocasiones como esta, sería extremadamente dañino reprimirlas. Así que… yo recomiendo reír o llorar (lo que sea que nos surja) a pleno pulmón, hasta quedarnos con esa sensación placentera del después: quedarnos con ese “vacío relajante”.

Mindfulness nos ayuda con  la gestión emocional , tan necesaria también en estos tiempos.

Probablemente seamos la única especie capaz de ser consciente de nuestra propia existencia y de nuestros propios procesos mentales; lo que llamamos metacognición. Bien, pues podemos sacar partido de ello. ¿Cómo? Pues como la propia definición indica: siendo conscientes de nosotros mismos. Mindfulness también nos ayuda con ello. El simple hecho de prestar atención a nuestra respiración, nos hacer ser conscientes de algo que está con nosotros desde el momento que nacemos y nos acompañará hasta el último día de nuestra existencia. ¿Cuántos minutos al día dedicas a prestar atención a tu respiración? Pues comienza ahora mismo… deja de leer un momento y presta atención a cómo respiras… a cómo el aire entra y sale por la nariz…

Autoconocimiento de la mano de mindfulness. Comienza la práctica ahora.

Nuestra respiración es un punto de partida excelente para comenzar a ser conscientes de nosotros mismos.

Y, aunque todos los momentos son buenos para comenzar o para continuar con la práctica de Mindfulness , esta situación atípica que estamos viviendo todos ahora, es ideal para comenzar o ideal para seguir con atención plena en cada momento. Es ideal para ser conscientes de nuestras emociones, pensamientos, conductas, sean las que sean. Ideal para observarnos a nosotros mismos.

Experimentar esta situación de manera consciente a través de mindfulness.

Uno de los beneficios de la práctica continuada de Mindfulness es su incidencia positiva en el sistema inmune. Otro de los beneficios es la reducción de los niveles de ansiedad y estrés. Otro es la mejora de los síntomas en personas con depresión; pero tiene muchos beneficios más. Los podéis leer esquemáticamente en este enlace, todos comprobados por la ciencia: beneficios de Mindfulness

Bien… para aquellos que todavía estáis pensando en cómo “aprovechar” estos días tan atípicos… os invito simplemente a vivirlos con atención plena. Es una oportunidad única  (histórica diría yo) para el autoconocimiento a través de Mindfulness.

Tanto si te encuentras “bien” de ánimos o estás de “bajón” o incluso enfermo. Se trata de ser consciente de cómo te sientes y de lo que haces (estando en casa, trabajando o sea lo que sea que estés haciendo en cada momento; incluso si estás ingresado y lees esto desde el hospital porque tienes acceso a tu teléfono móvil). De aceptarlo, de respirar en ello. Consulta para ello en este enlace las 7 actitudes básicas de Mindfulness .

En este blog hay recursos gratuitos y de pago para aprender la práctica correctamente. En el enlace  Talleres y en los enlaces a mis canales de iVoox ,  Youtube y  Spotify encontraréis ejercicio. No hay truco, sólo se trata de practicar a diario.

Si comenzáis hoy mismo veréis cómo, cuando esta situación termine, podréis decir que os conocéis un poco más. Recordaréis la crisis del coronavirus como el comienzo del autoconocimiento.

Si tenéis alguna consulta podéis contactarme a través del  formulario de contacto del blog.

25 de marzo de 2020

Un año más tarde. La libertad es un estado mental.

Un año más tarde: 14 de marzo de 2021

He leído el texto del 25 de marzo del año pasado. Y sí, un año más tarde, me reafirmo en todo aquello que escribí cuando ya estábamos metidos en casa. Algunos estuvimos completamente solos físicamente durante esos meses. Unos lo llevamos bien y otros lo llevaron fatal.

Muchas personas perdieron sus trabajos, aumentaron las colas del hambre. Otros perdieron la salud y la vida. También aumentaron los trastornos psicológicos. Los profesionales de la salud física y mental han trabajado más que nunca (hospitales, residencias de mayores, consultas de psicología, etc.)

El año 2020 fue un año de dolor, enfermedad, prohibiciones y muerte; pero también un año de descubrimiento, de poner en marcha la paciencia y la resiliencia. Un año de aceptación y meditación. Y de nuevos caminos.

Cada uno de nosotros podríamos contar una historia personal. Tal vez algunos la contaríamos parecida.

En mi caso, ocupé el tiempo de confinamiento como si fuese un retiro espiritual. Estuve mirando hacia adentro mucho tiempo. En el piso no entraba demasiada luz, además salieron días muy nublados, cosa atípica en esas fechas en esta ciudad. Aunque la playa la tenía cerca, no podía salir a pasear, pero me llegaba el olor a mar. Ese olor a mar era una forma de contacto con el exterior. Pero me centré en mi mundo interno y me expandí ahí tanto como cuando era niña. Tenía oportunidad de hacerlo. Iban a ser muchas horas sola, con mis estudios, conmigo misma. Era una oportunidad histórica para poner en práctica mi propio retiro individual. Y así lo hice. Tenía el cuenco y las velas… maravilloso.

Practiqué la atención plena, pero también otros tipos de meditación. Retomé con atención plena una travesía interior que todavía continua.

El camino hacia el interior guarda similitudes con una travesía por espacios naturales. Se trata de un sendero de gran recorrido tan largo como la vida.

Algunas personas muy cercanas me dicen hoy que sienten que me he distanciado. Tal vez sea así. Yo siento que le dedico más tiempo a mi autocuidado. Es algo que interioricé y disfruté durante el año pasado. Lo viví como una oportunidad.

No, no me llegué a sentir encerrada realmente en ningún momento, ni siquiera con lo que me gusta salir a caminar. Descubrí de verdad eso que dicen algunas personas: la libertad es un estado mental.

También he descubierto que ahora me siento mucho más cómoda si no hago planes. Me siento bien viviendo el día a día con calma, despacio. Saboreando cada momento. Soy capaz de experimentar cada instante con mucha más atención. No me importa demasiado no haberme podido ir de vacaciones al terminar el cuatrimestre. Estoy descubriendo los caminos de la comunidad autónoma donde vivo y me están encantando… sigo caminando y descubriendo. Hacia afuera y hacia adentro.

Dependiendo de la personalidad y las circunstancias de cada uno, realmente sí que podemos aprovechar las situaciones que nos plantea la vida como oportunidades para crecer. Y no lo digo como algo vacío, como una pseudopsicología positiva vacía, no. Ya sabéis que las frases positivas cortas y fáciles pero sin sustancia no me gustan.

Me considero una persona positiva-realista. Y la realidad de cada persona es diferente.

Hay personas que se han hundido mucho psicológicamente durante este año pasado porque no pueden pagar facturas de la luz, o no tienen suficientes ayudas para comer o para alimentar a sus hijos como les gustaría. Y eso también es una realidad. A otras personas el confinamiento o la pérdida de empleo les ha afectado muy negativamente a su salud emocional. No podemos pedir a todo el mundo que sea feliz con lo que tiene, porque tal vez sus recursos económicos o psicológicos son demasiado bajos para poder tener una salud mental equilibrada. Porque no todo el mundo se plantea la vida de la misma manera. Porque cada persona somos un mundo.

Un año más tarde seguimos en plena crisis sanitaria. Algunos han depositado mucha fe en las vacunas o en la recuperación económica. Pero creo que la confianza más necesaria es la que depositamos en nosotros mismos día a día. Cada uno podemos depositar confianza en nuestra propia capacidad de seguir creciendo en todas las situaciones. Porque las situaciones muchas veces aparecen sin buscarlas y tenemos que aprender a llevarlas lo mejor posible. Por nosotros, por nuestra salud física, mental y espiritual. Y también por las personas que tenemos cerca.

Hoy seguimos teniendo la oportunidad de seguir creciendo, como cada día de nuestra vida. Aprovechemos esa oportunidad si somos capaces. Y si no lo somos o no podemos, busquemos ayuda. Mindfulness es esa puerta de entrada a un mundo maravilloso.

Feliz momento.



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