Cargar con el peso de nuestra propia mochila es un aprendizaje de vida. Advierto que, si por alguna circunstancia no puedes cargar con el peso tu mochila (o simplemente no te da la gana hacerlo), hay empresas que por poco dinero te la llevan hasta el siguiente albergue: correos, por ejemplo. 

La salud es lo primero, al menos para mí. Yo tengo lesiones en la espalda que de momento me permiten cargar con mi mochila de 5 kg, pero si de verdad no pudiese, pagaría para que me la transportaran, por supuesto.  Y dicho esto, doy mis motivos personales de por qué cada uno debería llevar su propia mochila a la espalda:

Muchos relacionan el peso de su mochila con los lastres psicológicos personales y puede ser una buena similitud. Y el hecho de cargar con ellos y además, intentar minimizarlos, puede ser un gran aprendizaje.

El hecho de cargar con nuestra propia mochila, aunque no la relacionemos con cargar con nuestros propios lastres nos puede enseñar muchas cosas.

La mochila cubre nuestras necesidades

Por ejemplo a darnos cuenta de que necesitamos realmente muy muy muy poco para ser felices. Yo “necesito” lo que cabe en mi mochila de 30L. Aquí podéis ver el vídeo de mi mochila del Camino de Santiago, con todo lo que llevo dentro.

Algunos necesitan una mochila más grande y otros, con una más pequeña no sólo se apañan bien, sino que van sobradísimos. Y yo los admiro. Cargar con la propia mochila nos da libertad. No nos condiciona a llegar al albergue donde estén nuestras mochilas si las hemos enviado con correos. Nos permite dejar de caminar cuando queramos, porque llevamos nuestras cosas a cuestas.

Llega un momento que creamos un vínculo especial con nuestras cosas y nuestra mochila, porque es nuestra inseparable compañera. La que nos asiste con una prenda de abrigo si tenemos frío o la que nos abastece de agua cuando tenemos sed. Y eso en el momento que lo necesitamos.

El hecho de cargar con nuestra propia mochila nos demuestra simplemente que somos capaces de hacerlo. Nos enseña también a ser humildes. Un bonito reto es intentar bajar el peso de la mochila. Yo, en mi primer camino, estaba obsesionada con eso… por miedo a que me doliera la espalda y no poder cargar con ella, empecé a minimizar lo que había metido. Me agobiaba muchísimo el tema de la mochila antes de hacer mi primer camino.

Como no estaba yo metida en las redes ni nada, ni sabía de cuántos litros era lo ideal, utilicé una mochila de 60 L. Sí, ¡¡¡sí 60L!!! aunque iba medio vacía, literalmente. Era muy cómoda, eso sí. Para los siguiente caminos viendo que mi mochila de 60L iba literalmente medio vacía y no necesité meter nada más ni eché de menos nada, ya me compré la de 30 L. Si la de 60L iba a media capacidad, la de 30L sería ideal para mí. Y así fue. Desde mi segundo camino voy con la de 30L y tan feliz.

Como iba diciendo, creo que es un bonito reto intentar bajar los Kg de la mochila. ¿Cómo? Pensando en las necesidades básicas. Simplemente pensando en la famosa Pirámide de Maslow: https://psicologiaymente.net/psicologia/piramide-de-maslow

Si consideramos las necesidades básicas, las fisiológicas (respirar, alimentarse, descansar, sexo y homeostasis) y conseguimos cubrir estas necesidades con lo que llevamos en la mochila, lo demás ya son lujos no necesarios 😀 Y si cubriendo esas necesidades básicas y no metiendo nada más en la mochila somos felices, pues es que estamos en un nivel de minimalismo bastante importante. Cosa que, al menos a mí, me encanta. Me hace sentir bien y me hace sentir fuerte.

Camino Mozárabe desde Córdoba.
Peregrina con su mochila.

Necesidades fisiológicas de la pirámide

  • Respirar: no nos hace falta meter nada en la mochila.
  • Alimentarse: si hay espacio para unos plátanos, y unas galletas de chocolate perfecto. Si llevamos unos euros en el bolsillo para ir al bar a comer o comprar comida, perfecto también.
  • Descansar: descansamos en los albergues , tampoco hace falta meter nada en la mochila.
  • ¿Sexo?: algunos dicen que pueden vivir sin él pero en cualquier caso, tampoco hay que meter nada en la mochila salvo unos preservativos que no pesan ni ocupan nada. Os comparto un artículo que escribí para la web Gronze sobre el sexo en el Camino de Santiago.
  • Homeostasis: aquí sí que vamos a meter cositas en la mochila.
    • Fundamental es llevar agua en la mochila para mantener la hidratación del cuerpo.
    • Recomendable es llevar un saco de dormir para mantener el calor corporal por la noche (aunque algunos con un saco-sábana tienen bastante).
    • Aconsejable también llevar alguna prenda de abrigo también para mantener el calor.

El señor Maslow no contempló la higiene en las necesidades básicas, así que podemos considerar que meter gel en la mochila para ducharnos y lavarnos la ropa ya es un lujo. Yo, más que un lujo, pienso que es una deferencia hacia nuestros compañeros peregrinos. Cierto es también que podemos ducharnos solo con agua (abusar de los geles no es bueno para la piel) y lavar la ropa lo mismo, pero no sé yo el resultado cuál sería.

El señor Maslow pone en la cima de la pirámide la necesidad de autorrealización… yo apuesto por llegar a la autorrealización directamente con las necesidades básicas cubiertas y caminando con mi mochila a la espalda… sin tener en cuenta nada más. Caminando día a día, paso a paso, y dejando que el camino nos ofrezca todo lo que necesitamos, podemos llegar a ser completamente felices. Y si cuando volvemos a casa, deshacemos nuestra mochila y conseguimos permanecer en ese estado de “embriaguez caminera” mucho mejor. Si no, hay que estar preparados para el SPC: Síndrome Post Camino.

A veces, cuando camino cansada (por el Camino de Santiago o por cualquier otro lugar) imagino que me elevo por encima del camino, que floto por encima de él, camino por el aire sin peso, paseo ligeramente. Entro en estado meditativo y me pongo en “standby”. Y como la mente es tan poderosa, realmente mi cansancio se queda no sé dónde pero ya no me quiere acompañar más, se desprende de mi.

Si crees que no eres capaz de bajar el peso de tu mochila, aunque te gustaría (otra cosa es que estés feliz con lo que lleves, aunque pese mucho) imagina que eres capaz de vaciar tu mochila de esas cosas de “lujo” que realmente no te ayudan a cubrir las necesidades básicas. Imagínalo tan fuerte que te veas capaz de caminar sin ellas. Créetelo. Después sácalas de la mochila con decisión y vete al Camino. Seguro que no mueres por dejarte esas cosas en casa. Seguro que, aparte de no morir, lo disfrutarás inmensamente.

PD: una amiga peregrina, que no está pasando buen momento dice: -para el próximo camino creo que me iré apenas sin mochila. Quitando el “por si acaso” igual me quedo solo con amor, ilusión y cariño y muchas ganas-

 Tal vez para encontrar la “esencia” del camino no haga falta más que una pequeñita mochila llena de ilusiones. Y las ilusiones no pesan. Es más, te ayudan a caminar, te elevan a lo más alto.

Así que a ella le dedico este vídeo de youtube: Nunca sin mi mochila