Hola, caminantes. Aunque ya escribí hace tiempo la entrada sobre el     

Síndrome Post Camino

 y grabé el vídeo correspondiente para youtube

contando un poco las sensaciones que casi todos tenemos al volver del Camino de Santiago, os voy a contar ahora, después de estudiar el tema de las adicciones, el motivo de por qué nos enganchamos al Camino de Santiago desde un punto de vista neurológico.

Aquí casi todos somos muy adictos al Camino de Santiago y lo consideramos “nuestra droga favorita” y no nos queremos curar ninguno de este vicio tan sano que es caminar así que… sin faltar el respeto en ningún momento a las verdaderas adicciones, que son un tema muy grave, a veces mortal y con la alegría que nos caracteriza… ¡Vamos a ello!

Lo primero es definir “adicción” y vemos que nuestra relación con el Camino cumple todos los requisitos para considerarse una “adicción en toda regla”:

Adicción: Síndrome caracterizado por un estado de dependencia física o psicofisiológica de una sustacia o acción no beneficiosa (en este caso caminar es una acción superbeneficiosa, por eso consideramos al Camino nuestra droga “buena”)

  • Incapacidad de control sobre su consumo reiterativo (terminamos el camino y en dos días deseamos ardientemente irnos a caminar otra vez y si podemos, nos vamos)
  • Conducta compulsiva polarizada hacia su obtención (estamos metidos en foros del Camino continuamente, nos dedicamos a preparar el siguiente Camino, nos pasamos el día viendo los vídeos de youtube de “El Clímax del Caminante” jajajaja  etc.)

Su supresión causa el síndrome de abstinencia (aquí os remito a quienes no lo hayáis visto, al vídeo y entrada del blog que os comentaba más arriba del Síndrome Post Camino).

Los protagonistas de nuestra historia son principalmente y para no liar mucho el texto, el  “Núcleo Accumbens (Nac)”-“Área Tegmental Ventral (ATV)”, y la “Dopamina (DA)” que unidos en un matrimonio perfecto de amor eterno e irreversiblemente estable, hacen juntos que seamos unos adictos al Camino de por vida.

La selección natural ha permitido que el cerebro agrupe neuronas que reconozcan placer. El sistema de motivación-recompensa está integrado por el área tegmental ventral (ATV) y el núcleo accumbens (NAc), quienes reciben intensa modulación de la amígdala (la amígdala es una estructura cerebral que nada tiene que ver con las amígdalas de la garganta, esas que nos duelen cuando nos resfriamos, sino que  es una de las estructuras más importantes relacionada con las emociones) Este sistema de motivación-recompensa, nos ayuda a conocer y a frecuentar reforzadores (caminar en nuestro caso es el reforzador) que son benéficos para el organismo. Pero las neuronas se comunican entre sí por neurotransmisores y neuromoduladores. Dentro de los neurotransmisores están la dopamina, la acetilcolina, el glutamato, el ácido γ–amino butírico (GABA) y dentro de los moduladores están los endocanabinoides y las endorfinas. Todos ellos juegan una función crucial en el sistema de la motivación-recompensa.

Sentimos placer al caminar porque la dopamina (DA) aumenta en el Núcleo Accumbens (Nac) liberada por el Área Tegmental Ventral (ATV). Las neuronas del ATV aumentan su actividad a consecuencia de la activación inducida por el reforzador (el reforzador en nuestro caso ya hemos dicho que es el Camino). Una vez que el sistema está activo, puede permanecer activo y así prolongar el placer por la liberación de los endocanabioides y las endorfinas. La interacción de todos estos neurotransmisores y neuromoduladores, terminan generando en nosotros la sensación subjetiva de recompensa, de placer, de felicidad (lo que yo llamo El Clímax del Caminante). Cuando esta sensación de placer (el clímax) nos invade, se forma un trazo de recuerdo en nuestra memoria que nos indica que el estímulo reforzador (el camino) produce placer, por lo que el cerebro lo interpreta como benéfico para el organismo, lo recuerda y busca volver a experimentarlo (en este punto nos hemos convertido sin remedio en “adictos al camino” y buscamos volver a experimentar todo ese placer que el camino nos proporciona).

Por su parte, y por si fuera poco, el sistema de castigo está integrado por los núcleos de la amígdala (la que hemos comentado antes que nada tiene que ver con la garganta) y por el eje hipotálamo-hipófisissuprarrenales. Utiliza prácticamente los mismos neurotransmisores que hemos comentado antes para el centro de recompensa ( GABA, el glutamato, la ACh, los eCBs y la dopamina) Así que, una droga (el camino) que induce cambios plásticos en el sistema del placer, también lo hará en el sistema del castigo.  Además, la sobre-activación del sistema de placer hace que el del castigo aumente su actividad también,  produciendo un estado de alostasis (alostasis es el proceso para conseguir estabilidad a través de los cambios fisiológicos) Los cambios en el sistema de castigo contribuirán importantemente a desarrollar ese síndrome de abstinencia (Síndrome Post Camino en nuestro caso) que nos hará sufrir y nos llevará irremediablemente a la recaída (es decir, a volver a caminar).

Es decir, que tanto el sistema de placer como el sistema de castigo hacen un pacto para que no podamos escapar de nuestra adicción del Camino de Santiago jamás (claro, que nosotros estamos encantados).

Conclusión

La sensación placentera que experimentamos al llevar a cabo conductas como caminar es regulada por el sistema de la motivación-recompensa. El sentir placer al llevar a cabo una de estas y otras conductas nos motiva a repetirlas. Así de simple y complejo a la vez.

Referencias bibliográficas:

Méndez Díaz et al. (2010) El cerebro y las drogas, sus mecanismos neurobiológicos – Salud Mental-Vol. 33, No. 5

Agradecimiento especial al profe de la asignatura Neurociencia Conductual Jesús Villena, que con el entusiasmo que transmite en sus clases está consiguiendo que sus alumnos nos interesemos de verdad por la asignatura.