6️⃣ Procesamiento sensorial
El procesamiento sensorial se refiere a la manera en que el sistema nervioso recibe, organiza e interpreta la información proveniente de los sentidos. En las personas autistas, este procesamiento tiende a ser más intenso, más débil o más irregular, lo que influye profundamente en el bienestar emocional, la capacidad de concentración, el estado físico y la vida cotidiana.
Lejos de ser un simple “detalle”, el perfil sensorial constituye uno de los núcleos de la experiencia autista y explica un gran número de comportamientos y necesidades.
6.1. Hiper e hiposensibilidades
Las diferencias sensoriales pueden manifestarse en dos direcciones, que no son excluyentes:
Hipersensibilidad
Implica que ciertos estímulos se perciben como demasiado intensos, invasivos o dolorosos.
Puede darse en cualquiera de los sentidos:
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Audición: ruidos que “taladran”, dificultad para filtrar sonidos de fondo, aversión a ambientes ruidosos.
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Vista: luces intensas, fluorescentes, movimiento visual excesivo.
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Tacto: ropa que pica, etiquetas molestas, dificultad con el contacto físico inesperado.
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Olfato y gusto: olores penetrantes, sabores demasiado fuertes o texturas intolerables.
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Sistema vestibular y propioceptivo: dificultad con movimientos bruscos, mareos, o necesidad de controlar el equilibrio.
- Interocepción: nos permite percibir, interpretar y sentir las señales internas de nuestro cuerpo (corazón, pulmones, vísceras, temperatura, hambre, sed),
Hiposensibilidad
Ocurre cuando los estímulos se perciben de manera atenuada o poco clara. También se dan en cualquier de los sentidos mencionados anteriormente.
Puede traducirse en:
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Búsqueda de sensaciones intensas (movimiento, presión, sonidos repetitivos).
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Umbral alto para el dolor.
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Necesidad de estimulación para registrar información corporal.
La mayoría de las personas autistas presentan perfiles mixtos, que pueden variar según el contexto, la energía disponible y el nivel de estrés.
6.2. Sobrecarga sensorial
La sobrecarga aparece cuando la cantidad o intensidad de los estímulos supera la capacidad del sistema nervioso para procesarlos. Es un fenómeno fisiológico, no voluntario.
Señales habituales:
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Incapacidad para seguir conversaciones.
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Irritabilidad repentina.
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Fatiga extrema o dificultad para pensar con claridad.
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Necesidad urgente de aislarse o de silencio.
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Respuestas motoras como balancearse, agitar manos o bloquearse.
La sobrecarga sensorial está estrechamente relacionada con meltdowns, shutdowns, bloqueos cognitivos y agotamiento acumulado.
6.3. Regulación sensorial
Las estrategias de regulación sensorial permiten recuperar equilibrio y reducir la saturación. No son “manías”, sino ajustes necesarios para mantener la estabilidad neurofisiológica.
Ejemplos de estrategias útiles:
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Uso de auriculares con cancelación de ruido.
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Control del brillo y el contraste lumínico.
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Ropa suave, sin costuras molestas.
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Objetos para manipular (fidgets).
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Pausas sensoriales programadas.
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Movimiento regulador: estiramientos, caminar, balancearse, presiones profundas.
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Modificar el entorno: reducir estímulos o anticiparlos.
La regulación sensorial también incluye aprender a leer cuándo el cuerpo avisa que el umbral se está acercando. La práctica de la atención plena nos ayuda a ello.
6.4. Cómo identificar los propios patrones
Conocer el propio perfil sensorial requiere observación, paciencia y honestidad. Es un proceso que ofrece una enorme claridad para comprender reacciones que antes parecían inexplicables.
Pasos para identificar el perfil sensorial:
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Registrar situaciones que causan malestar, fatiga o irritación.
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Observar qué sentidos estaban implicados (ruidos, luces, tacto, olores…).
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Anotar cómo reaccionó el cuerpo (tensión, bloqueo, necesidad de huir, dolor de cabeza).
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Identificar patrones:
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¿Hay lugares recurrentes que desgastan más?
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¿Momentos del día con mayor sensibilidad?
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¿Estados previos que amplifican la reactividad, como la ansiedad o la falta de descanso?
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Experimentar con ajustes pequeños, viendo cuáles proporcionan alivio real.
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Revisar regularmente el patrón, ya que puede cambiar con la edad, el estrés o el contexto.
Comprender el procesamiento sensorial no solo reduce el sufrimiento cotidiano, sino que también mejora la autoconciencia, la capacidad de comunicación y la relación con el entorno.
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