¡Zasca, zasca, zasca! ¿Psicología y chamanismo? ¡Locura máxima, Nieves! ¡La psicología es científica, el chamanismo es una «magufada«! ¡No te metas en ese jardín! Bueno, me encantan los jardines: están llenos de vida y flores. Una psicóloga practicante de chamanismo en su tiempo libre… seguro que no seré la única, aunque a muchos no les guste. La realidad es como es. Y el ser humano tiene una dimensión espiritual. Yo también.

Podría ser este artículo la continuación del articulo “el día que conocí a Kundalini”, la chica que se había iniciado en chamanismo que conocí hace unos meses y que me despertó intensamente el interés por el chamanismo tras unas sensaciones extraordinarias que tuve aquél día debajo de un castaño.

Pero en realidad mi interés por lo espiritual viene desde la mágica infancia donde todo es posible y, aunque nos cuestionamos las cosas, de niños somos esponjas y estamos mucho más abiertos a todo. Todos hemos sido niños. Echemos la memoria atrás por unos segundos. Recordemos cómo pensábamos, cómo sentíamos, en qué creíamos…

Después descubrí la ciencia y me encantó y me atrapó. Empecé a estudiar psicología en la universidad. Me dio muchas respuestas, pero no todas. Y desde hace un tiempo, tras mucha ciencia leída y estudiada y cientos de preguntas sin resolver, volvió esa inquietud trascendental inherente: el deseo de saber qué ocurre con aquello que la ciencia a día de hoy no es capaz de explicar.

Pues sí, finalmente me inicié en chamanismo. Y me encantó. No me resultó extraño, pues en mi opinión subjetiva, los viajes chamánicos los siento tan familiares como los viajes que a veces ocurren en algunas meditaciones. La diferencia es que en chamanismo hay una intención. Intención de contactar con los mundos espirituales y los guías espirituales con algún propósito.

¿Existen los guías espirituales o son producto de nuestra imaginación?

No hay respuesta verdadera. Para unos existen, para otros son producto de la imaginación. Para otros, los mundos espirituales son creaciones fantásticas de unos locos de atar.

Pero… ¿qué es la realidad? La realidad es una interpretación nuestra. Cada uno tenemos nuestra realidad particular. La filtramos a través de nuestros sentidos, creencias, personalidad y conocimientos concretos sobre temas determinados.

Cuando era niña, si alguien veía espíritus, era para mí alguien con una capacidad de percibir cosas que otros no somos capaces de percibir. Sin entrar a interpretar si son espíritus u otras cosas.

Pero hace unos años, cuando la ciencia se convirtió casi en mi diosa, si alguien veía espíritus, era para mí alguien a quien su cerebro le jugaba malas pasadas neurológicas o estaba en estadios previos de algún trastorno psicótico incipiente.

Y ahora… ahora ya no busco certezas. ¿Importa mucho si los guías espirituales son reales o producto de nuestra imaginación? A mí ya no me importa.  El ser humano es un ser imaginativo por naturaleza. Al ser humano le gusta experimentar, descubrir, crear… si no tuviésemos imaginación nuestra vida sería muy aburrida. Sean reales o imaginarios, bienvenidos sean.

¿Son algunas personas capaces de percibir espíritus, energías o cosas que otras personas no alcanzan a percibir?

Evidentemente nuestra percepción está limitada o condicionada por nuestros sentidos y por nuestra manera de procesar la información a nivel neuronal.

Los ojos son ventanas que tienen foto-receptores que captan la luz; y el sistema nervioso procesa esa luz y nos la devuelve en forma de imágenes. Pero no todas las frecuencias lumínicas son perceptibles para nosotros.

Los oídos son ventanas que reciben las frecuencias sonoras que viajan por el aire; después a través del nervio auditivo (y de un camino muy complejo) llegan al cerebro y las convierte en sonidos que somos capaces de interpretar. Pero no todas las frecuencias sonoras son perceptibles para nosotros.

 El olfato es sin duda un sentido que nos conecta con la parte más mágica, animal y emocional de nuestro ser… ¿no te ha ocurrido que cuando percibes un aroma concreto te teletransportas automáticamente a algún recuerdo o te evoca un suceso concreto o lo relacionas con una persona concreta?

A mí, el olor a azahar me transporta a la primavera y el aroma a palosanto me encamina automáticamente el estado de ánimo a un estado de paz… Pero nuestro sentido del olfato está mucho más limitado que el de nuestros fieles amigos los perros, por ejemplo.

Lo mismo ocurre con el resto de sentidos conocidos. Están condicionados por nuestra propia naturaleza.

Cada persona tenemos un nivel de sensibilidad y capacidad de percepción distinta. Algunos percibimos mejor los olores o los sonidos. Y otros se dan cuenta enseguida de los detalles visuales. Y todo es real. Nadie cuestionaría eso.

Las personas daltónicas ven algunos colores de manera distinta. Y las personas sinestésicas perciben estímulos de una forma bastante particular: pueden percibir colores al escuchar una música o percibir una sensación táctil en una pierna mientras saborean un zumo de frutas, por ejemplo. En la sinestesia, la estimulación de una vía sensorial o cognitiva conduce a experiencias involuntarias automáticas en una segunda vía sensorial o cognitiva.

Dado que es bastante habitual que los caminos de la percepción son complejos y enigmáticos y se siguen investigando a nivel neurológico… no es tal vez tan descabellado pensar que hay personas capaces de percibir algunas frecuencias, energías, entidades o cosas que se nos escapan a la mayoría. Y después pueden dar su propia interpretación de esas sensaciones. Que le pongamos el nombre de espíritus, energías o lo que sea, ya es cosa nuestra. Al olor se le llama olor porque le hemos puesto ese nombre. Pero podríamos haberlo llamado de otra manera. Al final, la forma de designar las cosas, es algo inventado por nosotros para poder comunicarnos (lenguaje).

Por poner otro ejemplo sobre la percepción, las personas PAS (personas altamente sensibles) solemos tener un sentido de la empatía bastante desarrollado. Captamos intensamente las emociones, el estado de ánimo y las sensaciones de otras personas, incluso a veces sentimos el dolor ajeno tan real como si fuese nuestro. Es decir, literalmente nos puede doler el dolor de otra persona. Trabajo nuestro es ser conscientes de que ese dolor no nos pertenece.

Después de haber conversado con atención plena, calma, tranquilidad y sinceridad con muchas personas y haber percibido yo misma “cosas para mí inexplicables”… me resulta absurdo negar la evidencia: la realidad es mucho más de lo que percibimos en estados de vigilia. La realidad es múltiple. La realidad, a día de hoy, es infinita y subjetiva. Y la ciencia no tiene explicación para todo.

Espiritualidad y neurociencia

Para que no se me acuse de “magufa” (me encanta esa palabra jajajajjaja, deberían incluirla en la RAE), he de decir que hay estudios en los que se evidencia que estimulando ciertas zonas del cerebro, las personas pueden llegar a tener experiencias místicas, aunque sean personas ateas. Por lo tanto, es evidente la relación neurológica de las experiencias místicas.

La denominada «neuroteología» o «neurología espiritual» intenta dar respuesta neurológica empírica a las sensaciones místicas.

Durante la meditación a veces se notan experiencias místicas también, aunque seamos agnósticos.

¿Quiere eso decir que las personas con una espiritualidad muy notable tienen ciertas zonas del cerebro más activadas por naturaleza que otras personas que se consideran nada espirituales? No lo sé. Tal vez sí. La relación del cerebro con todo lo que percibimos es evidente. La «neurología espiritual» debe ser un campo muy apasionante sobre el que leer e investigar.

Pero…

¿Fue primero el huevo o la gallina?

¿El cerebro espiritual nace o se hace?

¿Es el contacto con la divinidad, con los espíritus, energías, etc. lo que construye un cerebro espiritual  o nacemos ya con un cerebro espiritual en mayor o menor medida? La espiritualidad ha estado siempre presente en la historia del ser humano. En todas las culturas. Supongo pues que es una característica humana natural.

También hay evidencia de que el cerebro tiene plasticidad (es moldeable por la cultura, experiencias, sensaciones, aprendizajes, terapia, etc.).

Pero podemos dejar un poco de lado el “cerebrocentrismo” y el prefijo «neuro-» (tan de moda últimamente) porque el cerebro, aunque es un órgano fascinante y misterioso, no es lo único que existe.

En algunos ámbitos académicos se habla de “inteligencia espiritual” ¿Qué función real tiene entonces para nosotros la espiritualidad? ¿Tiene alguna función adaptativa?

En el caso de las personas meditadoras o practicantes de chamanismo… ¿qué nos lleva a probar este tipo de cosas? Algunas veces forman parte de la cultura o práctica religiosa del país o de la región o de la zona geográfica.

Yo puedo hablar por mí: la meditación me atrapó desde cría porque me hacía sentir bien y me facilitaba acceso a otros estados de consciencia,  mundos diferentes y capacidades que desconocía. Curiosidad y bienestar fue lo que me llevó a seguir meditando.

El chamanismo me ha atrapado también porque me conecta con otros estados de consciencia pero con una intención y propósito.

Hay mitos y confusión sobre el chamanismo (cuando le comenté a mi madre que iba a hacer un curso de chamanismo abrió los ojos como platos y exclamó un ¿¡quéééééé!? tan sonoro que la escucharon hasta los vecinos del 5º). Así que lo voy a definir muy brevemente.

¿Qué es el chamanismo?

El chamanismo es un método para acceder a los mundos espirituales y obtener ayuda de los espíritus o guías espirituales. Ayuda para la sanación, consejos o adivinación siempre con una intención compasiva y amable hacia todos los seres del planeta. Normalmente se utiliza el sonido del tambor o la maraca para entrar en ese estado de “trance” o “éxtasis” (estado no ordinario de conciencia, como ocurre a veces en algunas meditaciones).

Algunas personas practicantes de chamanismo utilizan lo que llaman “plantas sagradas” para facilitar ese acceso, pero no es mi caso.  En la escuela donde estoy aprendiendo no las utilizan. Yo rechazo abiertamente el consumo de todo tipo de sustancias externas que puedan alterar mi estado de conciencia de forma artificial. No las he probado, dudo que las pruebe y tampoco lo recomiendo.

Cuando el practicante de chamanismo utiliza la sanación, lo hace en términos espirituales. Es decir: el chamán sana la parte espiritual (alma) de la enfermedad de la persona. En otros tiempos no existían los médicos ni los psicólogos y era el chamán quien trataba la enfermedad de forma holística.

Ahora, en nuestra cultura, nos hemos diferenciado y especializado mucho en la medicina. Tratamos al ser humano como si fuera un puzzle y cada especialista se encarga de una pieza. Pero nadie se encarga del pegamento que une todas las piezas y de que esas piezas encajen y funcionen a la perfección como unidad. Para mí es un error, pues el ser humano (cuerpo-mente-espíritu) es un universo en sí mismo y si algo no funciona, se ve afectado todo lo demás.

Así que de la parte espiritual se encarga el chamán, y como tenemos médicos y psicólogos, de la parte física se encargará el médico y la parte psicológica la tratará un psicólogo. Alma, cuerpo, mente: nada nuevo.

Los espíritus de la naturaleza apoyan la sanación chamánica conectando a la persona con la esencia de la vida. El mar, los árboles, el fuego, las piedras, los animales… todos tienen alma para el chamán y son ayudas para el conocimiento y la sanación. ¿No es precioso?

Importante decir que un buen chamán moderno de hoy en día jamás te recomendará que dejes tus tratamientos médicos o psicológicos, porque son complementarios.

¿Pueden ser compatibles chamanismo y psicología?

¿Cuántas personas hay que además de ir a su terapia psicológica ortodoxa visitan a un practicante de chamanismo para complementar su sanación? Pues parece ser que hay muchas más de las que yo creía.

Sigo con mis meditaciones y, a punto de terminar psicología, me meto de puntillas en la práctica del chamanismo. Digan lo que digan -o se contradigan- los estudios, si la espiritualidad es una dimensión humana, será conveniente cuidarla. A través del chamanismo, de la meditación o de cualquier otra práctica que tenga base espiritual.

Existe la psicología transpersonal, que también está enfocada a la dimensión espiritual de la persona. El chamanismo para mí es muy natural, tal vez por la conexión directa de los chamanes con la madre tierra… esa fuente de inspiración y vida inagotable. Tal vez por influencia de mi infancia donde el contacto con la tierra, la lluvia, el sol, la luna y las estrellas era constante. Tal vez por influencia de mis experiencias en lo que yo llamo caminoterapia, cuando camino azotada por la fuerza de los elementos, que me siento conectada con la esencia de lo que soy.

Y tú, ¿te consideras una persona espiritual? Te leo en comentarios. Y te recuerdo que en mi canal de youtube tienes diferentes meditaciones para el bienestar.

Caminantes de la vida, que tengáis un feliz 2022 lleno de mindfulness y mucha calma. Feliz momento.

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