1️⃣ Qué es el autismo
El autismo es una forma de ser y de estar en el mundo.
Afecta a la manera en que una persona percibe la información, entiende lo social, procesa las emociones, piensa, siente y se relaciona con su entorno.
No es un fallo, ni una falta, ni una desviación: es una configuración neurológica diferente, coherente y válida en sí misma.
Aunque el término “trastorno” sigue apareciendo en manuales diagnósticos y los profesionales sanitarios debemos guiarnos por ese término, la comunidad autista —y cada vez más profesionales— entendemos el autismo como una condición neurodivergente, no como una enfermedad ni como un déficit global.
1.1. Definición según el DSM-5
El DSM-5 (manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) describe el autismo como un trastorno del neurodesarrollo caracterizada por:
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dificultades persistentes en la comunicación y la interacción social,
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patrones de comportamiento, intereses o actividades restringidos o repetitivos, presentes desde la infancia, aunque puedan hacerse más visibles en la adultez cuando aumenta la demanda social,
-
y que afectan de manera significativa el funcionamiento cotidiano.
Esta es la definición técnica, necesaria para un diagnóstico clínico. El DSM-5 es mucho más extenso, pero no nos vamos a exceder aquí.
Traducido a la experiencia humana, significa algo más comprensible:
👉 Las personas autistas procesan el mundo de un modo distinto, especialmente en lo social, lo sensorial y lo cognitivo.
👉 Tienen patrones de intereses profundos, formas particulares de regularse y modos diferentes de comunicarse.
👉 Esa diferencia no es un error: es el modo natural en que funciona su sistema nervioso.
El DSM-5 describe los criterios; pero las personas autistas describen (¡describimos!) la vivencia, que es mucho más rica, compleja y diversa.
1.2. ¿Qué significa hablar de “condición del neurodesarrollo”?
Cuando decimos que el autismo es una condición del neurodesarrollo, nos referimos a que:
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está presente desde el nacimiento (aunque no siempre se detecte hasta edades tardías, como en mi caso),
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influye en la manera en que se desarrolla el cerebro,
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y forma parte de la identidad de la persona a lo largo de toda su vida.
No es algo que “aparezca” de repente, ni algo que se “cure” o “desaparezca”.
Es una forma coherente y estable de procesar la realidad.
Llamarlo “condición” y no “trastorno” es importante porque:
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no implica enfermedad,
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no implica daño,
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no implica una desviación de una norma universal,
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sino una variación natural dentro de la diversidad humana.
De la misma manera que hay diferentes formas de percibir los colores, los sabores o la música, también hay diferentes formas de percibir lo social, lo sensorial y lo interno.
El autismo es una de esas formas.
1.3. Por qué no es un trastorno en el sentido clásico
La palabra “trastorno” en psicología suele implicar algo que:
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se adquiere en algún momento,
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deteriora una habilidad previamente normalizada,
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y puede tratarse para que desaparezca o se reduzca.
Nada de eso describe el autismo.
El autismo no es algo que la persona tenga: es algo que la persona es, en el sentido más profundo y estructural.
Es un tipo de cerebro que:
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conecta de manera diferente,
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prioriza la coherencia interna sobre lo social,
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procesa estímulos sensoriales con más (o menos) intensidad,
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se centra con profundidad en ciertos intereses,
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y desarrolla patrones de pensamiento muy organizados u orientados a lo detallado.
No es un trastorno, igual que no lo es ser diestro o zurdo, extrovertido o introvertido.
Pero puede convertirse en una fuente de sufrimiento cuando:
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las demandas sociales son incompatibles,
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hay camuflaje prolongado,
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el entorno no comprende la diferencia,
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o no se respetan las necesidades sensoriales y cognitivas.
El sufrimiento viene del choque con el entorno, no del autismo en sí. Yo misma, durante muchos años, pensé que tenía un trastorno crónico de adaptación al entorno.
1.4. El autismo como forma de cognición, percepción y presencia
Para comprender realmente el autismo —más allá de los criterios diagnósticos— es necesario verlo como una forma particular de relacionarse con la vida.
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