Retrato de un ascenso imposible, caminoterapia es el título perfecto para enmarcar la aventura de esta travesía. Mindfulness y un espectro casi al final de la ruta fueron los protagonistas de esta historia. Día intenso de caminoterapia por las montañas de Alicante.

El día comenzó fresco, perfecto para caminar. Sabíamos que la subida iba a ser algo cansada, pero no nos imaginábamos qué era lo que nos esperaba unos pocos kilómetros más arriba.

Una vez más, la meditación y los amigos fueron elementos fundamentales para la supervivencia. El Clímax del Caminante siempre está presente en la montaña y la caminoterapia se activa en el mismo momento que ponemos la suela de la zapatilla en la tierra.

Dentro de unas líneas os describiré en detalle; de momento os pongo en contexto…

El retrato de un ascenso imposible

Comenzamos a subir entre campos de almendros en flor. La floración de estos árboles me atrapa. Ya escribí sobre ello en el artículo sobre la impermanencia. Pero más allá de la representación de la impermanencia, para mí representa la belleza en estado puro. También la belleza es efímera, al igual que la vida.

Un poco más arriba, los zarzales impedían el paso y dimos algún pequeño rodeo. Algo más adelante paramos a almorzar un bocadillo, frutos secos, chocolate y una sorpresa que nos tenía guardada @ruclies en su mochila: unas Estrellas Galicia bien fresquitas que nos tomamos como si aquello fuese el elixir de la vida eterna.

Continuamos ascendiendo por senda estrecha. Íbamos siguiendo un track de wikiloc. El track a veces transcurría por sendero señalizado y otras veces no. Vimos que el track se alejaba del Gr para subir a un agujero en la montaña.

La imagen desde abajo era impresionante y preciosa; también era el puro retrato de un ascenso imposible.

De repente nos dimos cuenta de que nos parecíamos más a cabras montesas que a simples senderistas. Pero bien, no ha sido la primera vez que nos ha tocado subir por terrenos bastante verticales en modo campo a través.

Intentando gestionar el vértigo con la concentración en el ahora y con ayuda de manos amigas, conseguimos subir hasta el agujero (el forat como lo llaman aquí –forat significa agujero en valenciano).

No sabíamos bien si la referencia a la trepada que describía la ruta se refería al ascenso casi en vertical al forat. Pero después del agujero llegó el momento Clímax. Resulta que esa trepada vertical que referenciaba wikiloc estaba poco después del agujero. Era vertical total.

Yo no hago escalada. Para un montañero o un escalador o alguien sin vértigo, esa trepada tal vez puede significar nada. Pero todo es relativo. Para mí fue mucho. Y ahora describo qué quiere decir mucho.

El forat (agujero) subiendo a la cima de Aitana. Protagonista del retrato de un ascenso imposible

El forat en Aitana

La percepción es subjetiva

Mucho quiere decir llegar a un punto de la ruta, un punto espectacular. Estar muy satisfecha con haber llegado hasta ahí, pero resulta que la cima de la montaña estaba más arriba.

Y para llegar a esa cima había un sendero señalizado con las típicas marcas que habíamos dejado abajo hacía ya bastante tiempo o teníamos la opción de seguir trepando en 100% vertical como las cabras montesas. Yo no hago escalada, no sé si lo he dicho. Y además siempre me toca gestionar el vértigo.

Primero subió @ruclies a echar un vistazo. La criatura va sobrada. Es como una cabra montesa pero con dos piernas muy largas.

Miró, evaluó y dijo: “yo creo que sí lo subo, vosotros no lo sé”. Si él dice eso conociéndonos… mi mente dijo: bufff.

Nos quedamos un rato pensando. Cada uno pensaríamos una cosa.

Yo pensé: “Buffff… Intentar subir o dar media vuelta. Dar media vuelta implica descender por el mismo lugar que hemos subido, bastante vertical, con vistas al abismo. No me apetece nada tener que bajar por donde he subido. Bufff

Varios Buffff pasaron por mi mente en pocos segundos. Presté atención plena a esos buffff que después se convirtieron en “madre mías” infinitos.

Ahí estaban, como pensamientos rumiativos proliferando como setas en otoño: buffff, madre mía, buffff, madre mía, buffff… y así hasta que le dije a mi mente: “vale, para ya que así no vamos a ninguna parte: la caminoterapia se intensifica ahora”.

Proliferación mental y mindfulness

Mucho es cuando esa proliferación mental de pensamientos se va haciendo grande y va ganando terreno poco a poco a la autonomía. Pensamientos que inventan historias trágicas con final fatal. Mi mente generó en milisegundos un guión completo de película de aventuras ambientado en la montaña alicantina; pero con un final no deseado para nadie donde los helicópteros de rescate hacían piruetas para poder sacar nuestros cuerpos de allí.

Prestar atención a esas historias está bien. Nos hace darnos cuenta de cómo los pensamientos se van transformando en miedo, y el miedo alimenta a los pensamientos; y si no detenemos ese círculo vicioso de pensamientos-emociones, el proceso mental puede llegar a paralizarnos.

Mindfulness nos hace llevar la atención al momento presente. Nos ayuda a detener esa proliferación mental que genera historias fatales.

La meditación nos hace detenernos en el aquí y ahora y evaluar la situación con mayor objetividad, alejándonos de los pensamientos causados por el miedo y del círculo vicioso de emociones que se retroalimenta.

Llegamos a la conclusión de intentarlo sin caernos precipicio abajo (aquí me falta un emoticono de mano tapando la cara con interrogante de: ¿es esto una insensatez?).

Decidí que ese retrato del ascenso imposible era un dibujo muy artístico de mi mente creativa, que era sólo una ilusión. Decidí cambiar el dibujo hacia un atisbo de posibilidad.

Intentar algo significa mirar al miedo a los ojos

Ese vamos a intentarlo se convirtió en un enfrentamiento cara a cara con nuestros miedos. Un miedo con fundamento: si nos paralizábamos por el propio miedo o nos caíamos por nuestra falta de experiencia en trepadas, nos mataríamos. Tan sencillo como eso. La muerte… siempre tan motivadora.

Así que teníamos dos tareas:

– no paralizarnos

– no caernos

Con la ayuda de la mano amiga e indicaciones de @ruclies y gestionando nuestros miedos, con atención al momento presente, midiendo nuestras fuerzas, entendiendo cómo funciona nuestro cuerpo y respetándolo, conseguimos con esfuerzo superar la trepada vertical.

Cuando alcancé un lugar en el que me sentí del todo segura, donde la verticalidad empezaba a menguar, me senté en un hueco y me comí un trozo de chocolate para recuperarme del susto inicial.

El miedo como protagonista de la caminoterapia

Cuando tenemos miedo aumentan los niveles de adrenalina y cortisol. El cortisol es la hormona del estrés más nombrada. Gracias a la liberación de estas y otras sustancias, cuerpo y mente se preparan para afrontar con éxito aquello que nos ocupa (en este caso: trepar esa pared vertical).

Cuando sentimos que la situación de amenaza desaparece (ya no tenemos riesgo de caernos por el precipicio hacia el abismo sin fin) los niveles de estas sustancias que nos optimizan para alcanzar el éxito vuelven a su estado inicial.

Es entonces cuando me como un trozo de chocolate, agradeciendo a la naturaleza humana que funcione tan bien.

El aprendizaje del retrato de un ascenso imposible

Cada uno de nosotros tuvimos un aprendizaje personal.

El mío fue reforzarme en el poder de la meditación para gestionar situaciones que implican emociones y pensamientos que pueden llegar a fastidiar bastante.

Sigo conociéndome y aprendiendo cómo funciona mi mente, cómo utilizo mis recursos psicológicos, cómo soy capaz de gestionar mis propias emociones y pensamientos.

También sigo aprendiendo a confiar en mí misma y en manos amigas. La confianza plena en otras personas cuando hacemos montaña es un punto clave muchas veces para poder avanzar.

Espectro de Brocken también llamado espectro de la montaña

Espectro de Brocken en Aitana

Final Feliz. Espectro de Brocken

Después de la trepada vertical todo transcurrió sin sobresaltos. Llegamos a la cima de la montaña. El descenso “cresteando” en paralelo a la senda señalizada de GR nos regaló un mar de nubes impresionante y un precioso espectro lumínico que nos acompañó durante un buen rato como un compañero más, guiando nuestros pasos.

De repente el mismo amigo que nos ayudó a trepar como cabras hizo una pregunta exclamativa en voz alta: ¿¡veis eso o estoy yo alucinando!?

Obviamente  giramos nuestras miradas hacia ese lugar en que las nubes estaban justo a nuestros pies, contenidas por la rocosa pared vertical de la montaña.

Efectivamente ese círculo arcoíris producía el efecto de un espectro fascinante que surgía de la misma niebla.

El espectro de la montaña o espectro de Brocken es un fenómeno muy bonito. Ocurre cuando hay niebla y los rayos de sol proyectan nuestra sombra sobre ella. Por la difracción de la luz aparece una especie de aura arcoíris y nos da la sensación de que hay un ángel, un ser iluminado, una aparición divina o que la propia naturaleza es tan inmensa que nos dibuja colores y formas extraordinarias en la superficie de las nubes.

Es un fenómeno físico increíblemente hermoso. Caminando por montaña puede verse cuando se dan esas circunstancias concretas. Y eso dota a la caminata de más magia. Pero, ¿dónde habita la magia?

Sigo pensando que no hay imágenes más hermosas que las dibujadas por la naturaleza en estado puro. Ella, arquitecta de formas esenciales, artista de colores infinitos. Ella nos regala la materia prima. Nosotros la interpretamos como magia.

La magia habita, sin duda, en la interpretación de los observadores. Poder contemplar el espectro de la montaña fue el colofón perfecto a un precioso día de caminoterapia.

Gracias a la montaña, a @jorgepardogimenez y a @ruclies una vez más por convertirse en los mejores compañeros y maestros.