No sé por qué siempre quiero escribir sobre ello, pero me resisto mucho… ¿será porque es incómodo de contar? Bueno, pues sí. Aunque creo que todos lo hemos sufrido y lo conocemos, el Síndrome Post Camino no nos gusta a nadie… Lo vamos a llamar “SPC”. Te invito a que veas un vídeo que grabé sobre el Síndrome Post Camino

¿Os ha pasado que cuando volvéis a casa después de caminar durante varios días, sobre todo si vivís en una gran ciudad, percibís el entorno de una forma extrañamente desagradable? Jeje. Seguro que sí.

Muchas veces he ido de ruta durante varios días. Y varias veces he ido a hacer algún Camino de Santiago.

Al regresar, sobre todo los primeros días, lo que más noto es el olor de los perfumes de la gente. El olor a tubos de escape, el aire de la ciudad lo noto viciado y desagradable. También me llama mucho la atención la gran velocidad a la que va todo. Parece que la gente va corriendo, habla deprisa y me da la sensación de que los semáforos corren más de la cuenta.

Cuando caminamos durante varios días bajamos nuestras “revoluciones vitales”. Conectamos con nuestro ritmo interno y encontramos nuestra frecuencia propia. Y normalmente esa velocidad, esa frecuencia, es mucho menor que aquella en la que nos vemos sumidos los urbanitas a diario en un día cotidiano.

Dicen algunos expertos que, para convertir algo en costumbre, hay que repetirlo al menos durante 21 días seguidos (no es así exactamente pero daremos la teoría por válida).

Supongo que muchos de vosotros habréis caminado 21 días seguidos o incluso más. Pues ale, ya se ha convertido en costumbre. Y sabéis que deshacerse de las costumbres es complicado… cambiar los ritmos es complicado. Y es más complicado cuando debemos adaptarnos a ritmos que no son naturales para nosotros. Y eso es, en parte, lo que nos pasa con el SPC. Que nos toca volver a cambiar los ritmos y readaptarlos al ritmo frenético de la ciudad.

Cuando caminamos lo hacemos por placer o motivados por algo que elegimos libremente… ¿verdad?

Yo camino por puro placer, me encanta. Entro en un estado mental que es el “adecuado” para mi. Mi cuerpo, mente, espíritu se alinean en un equilibrio perfecto.

¿Qué pasa cuando regreso a mi ciudad y tengo que volver a mi ritmo de trabajo y al ritmo de ir esquivando gente por las calles cuando ando? Ya no lo hago por puro placer, sino por necesidad.

O el simple hecho de coger un metro, autobús o tranvía lleno de gente donde a veces a penas se puede respirar… lo hago por necesidad, porque tal vez llego tarde si voy andando, porque las distancias son demasiado largas para llegar a tiempo a donde tengo que ir. Entonces desplazarse se convierte en un stress… sobre todo si llevas puesto todavía el ritmo tranquilo del caminar a tu propio paso.

Cuando volvemos del camino nos entra enseguida la “morriña”. Desearíamos estar caminando al aire libre y no metidos en un despacho delante de un ordenador, sentados todo el día y moviendo inquietamente las piernas… ¿os ha pasado?

De repente un buen día, dejamos de caminar, nos metemos en casa y «cortamos nuestra libertad”. Recuperamos un ritmo sobre todo insano y maldecimos el día que decidimos llevar esa vida de “urbanitas sendentarios” jijijiji 😀

Bueno, yo lo cuento tal cual me pasa a mí… supongo que cada uno lo llevará como pueda, pero muchas sensaciones son comunes a todos.

Quienes vivís en el campo o trabajáis al aire libre seguro que lo lleváis mejor y el SPC es más ligero.

Por otra parte, si en el Camino habéis conocido gente que se han convertido en vuestra familia, los echáis de menos. ¿Qué hacéis ahora que estáis separados? Cuando me separé temporalmente de mi compañero de vida, cuando llevábamos caminando juntos durante 30 días perfectos, tuve la sensación de que algo estábamos haciendo muy mal. Separarnos era algo simplemente antinatural.

Por otro lado el simple hecho de dejar de caminar, dejar de hacer ejercicio con las endorfinas y el bienestar que ello genera… pues ya no hay nada más que decir. Las endorfinas se suicidan jejejeje.

La buena noticia, es que el SPC en fase aguda, acaba pasando como si se tratase de una gripe: pasas unos días muy malos, pero a los 15 o 20 días ya estás “recuperado”. Supongo que a algunos les costará más o menos volver a coger el ritmo de la vida “habitual”; pero al final, salvo que no tengas ninguna capacidad de adaptación, lo conseguirás. Y conseguirlo o superarlo me refiero pasar a la fase crónica de Síndrome Post Camino.

Porque una vez haces el camino, quedas enganchado para siempre. ¿Recomendaciones para llevarlo lo mejor posible? Contarlo. Hablarlo con tus amigos (algunos que no hayan caminado en su vida no entenderán nada y pensarán que estás loco jijij).

Si lo compartes con otros caminantes o peregrinos, te sentirás mucho mejor. Te sentirás comprendido y arropado. Los caminantes nos entendemos entre nosotros. Hablamos un mismo idioma. Por supuesto, intenta hacer algo de ejercicio. No llegues a casa y te tires en el sofá nada más llegar de caminar. Intenta mantener actividad física diaria; si no, el SPC será más grave.

Intenta caminar a diario, aunque no sean paseos tan gratificantes como cuando estabas de ruta o en el Camino de Santiago. Y sobre todo: utiliza el SPC de forma constructiva… piensa y reflexiona sobre ello: ¿por qué antes estabas tan bien y ahora estás tan mal? ¿Tal vez es porque la vida diaria que llevas normalmente no termina de satisfacerte? ¿Qué podrías cambiar? ¿Qué te ha enseñado el Camino? Escribí una reflexión sobre esto para la web Gronze: Si el Camino de Santiago es sinónimo de libertad, ¿la vida cotidiana es sinónimo de prisión?

Seguro que el camino te ha enseñado muchísimo…. Utilízalo de forma constructiva. Como ya dije una vez en otro de mis vídeos El Camino como Terapia. Seguro que el camino te ha enseñado mucho… intenta aplicar esos aprendizajes a la vida cotidiana. Inténtalo. SÍ, es posible. Sólo hay que ponerse en marcha: por ejemplo, empieza vendiendo esa ropa que tienes en el armario que no te pones jamás.

Haz del Síndrome Post-Camino algo útil y práctico.

Te recomiendo la entrada relacionada: El Camino como Terapeuta Emocional.