En varias ocasiones, en mis andanzas por los caminos y por la vida, he experimentado momentos imposibles. En Pico Viejo alcancé la cima inalcanzable y en Finisterre pude ver la puesta de sol invisible. Esto para mí es la vida. Y siempre hay un personaje común en todas mis vivencias y experiencias: yo.

Esto me lleva a otras cosas, a otras sensaciones y a otros recuerdos de la vida… más imposibles que estos, si cabe. Tal vez demasiado íntimos para que otras personas los lean.

Según vamos teniendo experiencias, nuestras creencias tal vez van cambiando un poco. Nuestros objetivos también… nuestros sueños… tal vez todo va cambiando.

Cada paso que das hacia adelante en realidad es un paso hacia ti mism@. Tu camino eres tú.

Nuestra personalidad sigue forjándose día a día, no somos seres exactos ni perpetuos. Somos seres cambiantes, que evolucionamos. Somos energías en movimiento. Por eso mismo es tan absurdo intentar aferrarse a algo o a alguien o a una situación. Es absurdo, carente de sentido y una pérdida energética.

En el último año he aprendido a desprenderme de muchas cosas, personas, situaciones, creencias y necesidades… desde octubre de 2018 a octubre de 2019 ha sido un año de desprendimientos y renuncias. Ello implica a veces pasar por fases de duelo. Y por lo tanto me he dado cuenta de que las necesidades son relativas.

Edito y añado: y en 2020 nos llega el coronavirus, entonces alcanzamos ya el nivel supremo de adaptación, desprendimientos, renuncias y cualquier otra cosa que se nos ocurra… nos toca hacerlo; y a ser posible con calma, soltando suavemente.

En realidad he vuelto a ver la pirámide de Maslow otra vez; sí sí, la de las necesidades básicas.  Y entonces me doy cuenta de que, teniendo las necesidades básicas cubiertas (comer, beber y dormir) soy afortunada. Pero no afortunada por tener más o menos cosas o personas a mi lado;  sino afortunada por poder ser capaz de “dejar marchar” sintiendo el dolor en toda su plenitud. Sintiendo la alegría en todo su esplendor. Sintiendo cada momento.

Afortunada por tener una actitud Mindfulness de Vida que, aunque a veces pasa desapercibida (tanto la vida como la actitud) otras veces la siento en toda su abundancia.

Y entonces, experimento esos extraordinarios imposibles; experimento esas pérdidas, experimento esa fortaleza al saber “dejar marchar”… como cuando pierdes un tren en la estación y sabes que ese tren no volverá a pasar pero… pasarán otros trenes con otros destinos. Y cada tren lleva a un lugar diferente y no es mejor un destino que otro. Y no es indiferencia. Es aceptación de lo que ocurre.

Lo importante es descubrir que el verdadero destino está dentro de cada uno de nosotros. O mejor aún… el destino somos cada uno de nosotros.

Lo demás… todo lo demás seguirán siendo imposibles que suceden, cimas siempre alcanzables (o no), personas que se marchan, trenes que van y vienen, energías en continuo movimiento… todo eso es la vida.

Pero el destino… el destino como tal no existe. El destino permanece. El destino está aquí y ahora. Aquí, en mi. Mi destino soy yo. Mi Camino soy yo.

Y en ti que estás leyendo estas líneas. Tu destino eres tú. No busques allá afuera… busca dentro. Cada paso que das hacia adelante, en realidad es un paso más hacia ti mism@. Tu Camino eres tú.